jueves, 2 de agosto de 2012

Talante

Ellas lo amaban por lo que transmitía. La voz profunda emanaba del interior metálica y solemne, petrificando a los mortales. Sus ojos impávidos irradiaban intrepidez. Desde lo más profundo odiaban lo transible. Para este harén de vampiresas, que a un simple mortal hubieran despreciado, Él era la Vida.



Fernando Gracia Ortuño

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lunes, 30 de julio de 2012

CEE

Por suerte la sueca no sabía español. Él era atractivo, su comunicación no verbal, excelente. Mentiroso, taimado, ingenioso, perspicaz, se la llevó al huerto sin muchos preámbulos. En las playas del país del sol, comenzó la espectacular, legendaria, andadura europea.





Fernando Gracia Ortuño



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domingo, 29 de julio de 2012

Idílico

Bueno, a ver, no tengo muy buen recuerdo de mi abuelo. Tenía un perro pastor que me arrancó media cara cuando era niño, y ante su sonrisa de satisfacción me cayó fatal, la verdad. Lástima que cuando crecí el perro ya había muerto, y no pude tirarle sus menudillos.




Fernando Gracia Ortuño


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jueves, 26 de julio de 2012

Pegarse un barrigazo

Lo había conseguido todo en la vida, dinero, prestigio, mujeres... Nada le satisfacía. Quiso volver a sentir aquellas emociones de la infancia que tanto añoraba por las noches, para sentirse vivo, convencido que semejante pantomima no podría durar, pero no supo dirigir el globo estático, estrellándose tontamente.



Fernando Gracia Ortuño



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martes, 24 de julio de 2012

Lobo

En el fondo prefería cuando se transformaba en lobuno. Los saltos eran espectaculares, de bloque a bloque de la ciudad. La fuerza, descomunal. El hambre, la sed, el deseo..., todo se multiplicaba por mil, y aunque odiaba los rayos de sol, la noche era una sinfonía de aullidos.




Fernando Gracia Ortuño


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lunes, 23 de julio de 2012

Identidades

No se concebía sin esas personificaciones. Vivía con ellas. Si veía un cojo por la calle, le iba detrás, remedándolo. Si escuchaba un gritón en otro piso, gritaba en casa. Si alguien tropezaba, él también. Todos los tics, manías, deformidades... Hasta que vio "El exorcista"



Fernando Gracia Ortuño


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domingo, 22 de julio de 2012

Telenovela

Cruzó los mares para verla, pero cuando llegó, ya tenía a otro. Esto le pasaba por su fobia a los aviones. Dos meses fue demasiado. Entonces huyó de ella, desesperado, y se quedó en aquél país, trabajando sus fobias, imaginando que se bebía el océano para regresar


Fernando Gracia Ortuño

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Pensamientos compartidos

   Como decía Unamuno, la vanidad del mundo y el cómo pasa, y el amor, son los verdaderos motivos de la auténtica poesía. Dentro de la conciencia de esa vanidad está implícita la muerte. Y dentro de ése "el cómo pasa" se englobarían todos los cambios que hacen de la vida extremos tan dispares que van del dolor más agudo a la fugaz conciencia de belleza y su consiguiente sentimiento, el amor.

   Yo creo que la conciencia de muerte es la que hace girar el mundo, mientras que la conciencia del amor la que lo detiene, en cierto modo.

   De modo parecido a tu explicación, la conciencia de muerte para mí se escamotea momentaneamente durante el corto período de vida, para reaflorar con la enfermedad y el fiinal de los días, cuando, como sabemos, al tomar real conciencia de su llegada, vuelve a surgir, y ello tiene como consecuencia hacernos más humanos, humildes, solidarios, indefensos, y democráticos y realistas.

    Dentro de la conciencia del amor, en cambio, ese escamoteamiento de la muerte no ha tenido lugar, y por tanto, al asumirse desde el primer momento, al recordarse a cada instante, sin olvidarse jamás desde que a los seis años se produjo por primera vez, yo creo que es motivo que da pie a la conciencia del arte y la belleza.

    En cierto modo, la conciencia del amor fugaz y de lo efímero de la existencia humana hace del arte un sustituto de perpetuidad, un apósito mental de la conciencia contra la fugacidad y la muerte. Y por tanto, concluyo, para no extenderme mucho, que si hay algo que perpetúa el afán amoroso y conciente de la caducidad humana, este algo está relacionado con este amor creador de arte y belleza, que, en contra de la barbarie escamoteadora inconsciente del temor a la muerte, del escamoteamiento de la vida y su fin, también sabe crear el hombre. Tal vez como placebo, tal vez como consuelo de perpetuidad, de permanencia...

   Cordial saludo, amigos míos

   Sortijero

   Fernando Gracia Ortuño

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miércoles, 11 de julio de 2012

Bendita candidez

Uno de los que vagabundeaban entre barracones se acercó a la alambrada. Al husmear el aire proveniente de los crematorios, exclamó:
-¡Estos cabrones...! ¡Nosotros aquí languideciendo, y ellos haciéndose sus barbacoas, con sus costillitas, sus cervecitas y sus chuletones braseados.



Fernando Gracia Ortuño

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martes, 10 de julio de 2012

Banquete

El mobiliario era impecable, sorprendiendo aquél camarero mofándose de un subordinado: ¡estudioso, titulado!, le llamaba. En esto el metre irrumpió en la sala con una bandeja:
-¡Llévalo!
-¡Si ej que pa hacé café y llevá etto no hace farta eztudiá!
-¡Pero sí muchas cervezas y cinco ossobucos, verdad!


Fernando Gracia Ortuño

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lunes, 9 de julio de 2012

Jungla

La ley del asfalto volvía, inexorable. Los escasos afortunados que podían comer vivían en constante persecución, caza de brujas y asesinatos. Los tecnócratas, en sus almenas inaccesibles, se hacían cada vez más opulentos, mientras en la calle la ley del más fuerte imperaba con toda la crudeza homicida.



Fernando Gracia Ortuño

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domingo, 8 de julio de 2012

Reconciliación

Toda la alegría desapareció en el instante en que ella le dijo que se fuera. Supo entonces que podría estar muerto sin que nada importase. La sorpresa llegó cuando lo volvió a llamar para preguntarle cómo estaba.


Fernando Gracia Ortuño

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Nirvana Criminal

Todo lo mejor de la vida sucedía en las casas, pensó el criminal convicto. No en la cárcel. El amor, el sexo, la violencia, y muchas más cosas que lo abstrayeron hasta parecer un buda nirvánico


Fernando Gracia Ortuño

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Física orgánica

La mujer encendió el televisor. Al ver las noticias comentó a su acompañante:
-¡Mira, ya han descubierto el bosón de Higgs!
-¡Ya era hora! -comentó el otro-. Las mujeres de este país llevan sin pasar un buen rato por lo menos ochenta años.


Fernando Gracia Ortuño

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sábado, 7 de julio de 2012

Consejo

Tienes que ser tú mismo, rezaba el eslogan publicitario de la gasolinera. Pero cuando cogió el lanzallamas para arrasar el pequeño pueblo de montaña, Rambo no sabía exactamente si era él mismo, o bien el personaje creado por una mente siniestra.


Fernando Gracia Ortuño
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viernes, 6 de julio de 2012

Olfativa

Lo suyo era una ceguera muy especial. Se conducía por olor, instintivamente. En sus pensamientos y acciones primaba más el olfato. Ése prodigio sobrenatural era su principal cualidad. Por eso, después de mil zoombies, dio con el más adecuado compañero para ella: el perfumado Bitelchús


Fernando Gracia Ortuño
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jueves, 5 de julio de 2012

Metamorfosis

La grave sacerdotisa inició el vuelo negro de su monserga de agujas y trapos. La arpía que la contrató quería perjudicar al vecino. Pero, al visionarlo, espantada, se apartó corriendo en un vade retro frenético, topándose fatalmente con la inmensa cucaracha que, pataleando a su lado, acabó engulléndola.


Fernando Gracia Ortuño
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miércoles, 4 de julio de 2012

Indiscreto

A cambio le daba un pato de goma. Luego no cesaba en su afán para que le enseñara lo que celosamente ocultaba bajo la blusa al administrarle la pastilla. En la sala de aquél moribundo, viendo sus exuberancias en el espejo, harta ya, en ése instante acabó con aquello.


Fernando Gracia Ortuño
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sábado, 30 de junio de 2012

Fumador compulsivo

Por aquél entonces era imposible respirar en aquél ambiente enrarecido. Si no tenía 25 o 30 cigarrillos en la boca no tenía ninguno. Era su labor un chupar indómito, incansable, como si en ello le fuera la vida. Parecía una locomotora expulsando humo y haciendo chu chu. Todos los pitillos los fumaba al mismo tiempo, casi de una sola tangada. Era todo un espectáculo digno de verse. Todavía hoy, al cabo de muchos años, no me explico cómo era capaz de hacerlo, es decir: fumárselos sincronizando las caladas respectivas tan bien, y acabando los 25 o 30 cigarros simultáneamente.

Un día, huyendo de allí a todo correr, para no ahogarme, medio asfixiado y a punto de perder el conocimiento, le pregunté:

-¿Por qué lo haces? Estás enganchado, ¿no te das cuenta? Esas compañías meten un montón de química adictiva cancerígena en toda esa mierda...

-¿Sabes por qué lo hago? -me contestó retoricamente- Porque está prohibido, ¡sí!, ¡porque está prohibido, sólo por eso! ¡Y porque  me da la  gana!

-Bueno, bueno, no te pongas así -le dije por aquél entonces-. Cada uno es libre. Deberían poner fumotecas con infinidad de cigarrillos de todas las marcas y colores, puestos en estanterías, y que cada uno fuera allí como el que va a la biblioteca a leer.

-Sí, y además no prohibir tanto, que luego no sale a cuenta, mira yo como estoy, que a la que subo una escalera me tengo que parar cada dos escalones para tomar aire, y aprovechar para tomarme un cartón de cigarrillos...


Fernando Gracia Ortuño

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Desconectar





Ed se ha acercado a la mesa para ver lo que pasaba. No estábamos peleando. Simplemente discutíamos animadamente acerca de lo ocurrido en el trabajo por la mañana. Su talante callado y frío se muestra tan escéptico y calculador que intimida. Recuerda a un francotirador alemán de una película que vi hace años, y por eso no me da buena espina verlo aquí en estos momentos. Pero tiene algo en su mirada que luego tranquiliza. No sé, tal vez su forma de gesticular influye también, tan parca como sus palabras. A veces los de seguridad tienen algo de bravucones que los descalifica al momento, en un segundo nada más. Nosotros dos estábamos hablando de la empresa, le digo para evadir la situación. Esto es algo que no podemos exponer ante él para explicarnos. Ahora es demasiado tarde. La música sigue zumbando. Ed nos mira y sonríe levemente antes de marcharse. Me parece que lo que le he explicado le importa un pimiento, si es que se ha dignado en entenderlo. Su mirada es inescrutable. No dice nada más. Se ha largado. Lo hace con un gesto premonitorio tan característico, como diciendo: “Hasta la próxima, gachones, que lo sé que habrá una”



Luego le digo a mi compañero, que mejor no discutamos en este bar. Al instante se levanta y aprovecha para irse al lavabo. Esperaremos un poco más a que se anime la noche, me digo. Es el BV80 y estoy harto de tanto gritar para sobreponerme al sonido de la música. Las cuerdas vocales necesitan un buen trago. Me pido otro cubata y sin querer me abismo en la música que me gusta, en ese pozo de siempre de mis pensamientos, como hago cuando algo importante me preocupa. Esa mirada involuntariamente feroz del tipo éste, el Ed, aparece primero, y luego toda la bronca en el trabajo desfila ante mí segundo a segundo, con una memoria del detalle que ya quisiera para sí muchos historiadores. Me siento impotente de no haber podido convencer a mi compañero, y el cabrón me hay traicionado frente al jefe, con toda la desfachatez del universo. Es un hijo de la grandísima. Me pregunto qué habría hecho Ed en esa misma situación. Se lo hubiera fundido, seguro, delante del jefe lo hubiera machacado, lo hubiera reducido a la nada. Pero yo, que soy además un calzonazos en la casa, no puedo ni siquiera regir mi vida laboral decentemente. Todo el mundo me toma el pelo, ser ríe de mí hasta el apuntador y el novato de turno recién llegado a la fábrica me toma el pelo, como se chancea uno del aprendiz que no sabe nada todavía y ya se ha fijado en tu inseguridad. Pero Ed  seguramente hubiera sabido reaccionar bien, hubiera plantado cara y luchado como un león para dejar las cosas en su sitio. No, claro, no se hubieran salido con la suya el jefe y este individuo. Junto con los demás compañeros, ahora quieren convencerme de que deje las cosas como están en la fábrica, y que cada cual contemple la guerra según le va. Pero no es tan fácil una cosa así. Ha llegado demasiado lejos.  La música sigue sonando, pero todavía no me consuela ni un ápice. Estoy contrariado, y el recuerdo de Ed se remonta a mi infancia. Traído por las brumas del pasado, aparece el padre de mi amigo de pronto en la memoria, con su halo de leyenda metálica. Ed comparte con él los mismos rasgos. Representa la personalidad acendrada, hermética y severa del que nada teme. Con su solemne carácter contenido, recuerdo lo que mi mejor amigo me contaba de su padre, las hazañas dirimidas con el camión, las hostias con la gente en discusiones de tráfico legendarias donde siempre ganaba él, y esa chocante sensación de su sola mirada intrépida, analizando el escenario concreto antes de actuar, como una fiera que calcula la distancia que le separa de su presa y el punto exacto para desplegar el ataque



Estoy convencido que Ed nunca se hubiera dejado torear de esa manera, me digo mientras llega mi compañero con un cubata en la mano, sonriendo victorioso porque ha visto unas titis bailando con miradas tentadoras en la pista de baile. Tengo que aprender a desconectar del trabajo, me vuelvo a decir por enésima vez. Lo que ha pasado es una tontería, me repito. Me levanto sin decir palabra y me dirijo a la pista. Quiero ser como tú, Ed, atraerlas como imán igual que haces tú, brillar implacablemente así cual tú haces, sin darte cuenta… Sí, amigo, voy a ensayar esa mirada intrépida frente a una de estas bellezas danzantes, y después al fin podré desconectar de una puñetera vez de todo el infierno que me ahoga. Ahora tengo que ser francotirador, Ed. Sí, claro, no hay más remedio… Y localizar inmediatamente a la más potente de entre todas las titis que ahora bailan como diosas terrenales sobre la pista de color. Si no nunca podré desconectar.








Fernando Gracia Ortuño

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domingo, 24 de junio de 2012

Empatía mortal

Los pequeños detalles se fueron sumando y creciendo en la masa informe, que haciendo blu blu se iba formando y ensalzaba, con su desarrollo exponencial irreversible, un acervo viscoso con textura de engrudo horripilante. Cuando la cosa asumió dimensiones humanas, el Alquimista abrió los ojos como platos, y se asustó tanto, que del orgullo de lo que habría creado, sólo le quedaba un rescoldo molesto de pavor en la memoria. Fue en el instante en que descubrió que le quedaban segundos para librarse de aquéllas manos, que simultaneamente le agarrotaban el cuello hasta asfixiarlo, cuando descubrió en la mirada de aquella monstruosa criatura una sonrisa de extraño e irracional regocijo. Tan ancestral y atávica era esa sonrisa odiosa, como horripilante. Pensó ironicamente tantas cosas. La última que se le ocurrió le hizo sonreír, también, en extraña analogía empática, junto con la criatura tan espantosa que él mismo había creado, para más inri.

Fernando Gracia Ortuño
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miércoles, 20 de junio de 2012

Noche Brumosa

Negra curiosidad siguen tus pasos, cuando de pronto te giras y allí estoy yo, sonriendo. Encandilada, te embauca la oscura capa, satinada en púrpura, pero cuando arrebato el misterio de tu levedad, sobrevolando la metrópoli, pierdes el sentido. No tanto como después en la guarida.

Fernando Gracia Ortuño
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miércoles, 6 de junio de 2012

Culturalidad

Cada día amanecía en un país diferente, por su trabajo. Como no sabía todas las leyes, no se imaginaba si por hacer algo lo podrían fusilar en cualquier momento. Vagó por la ciudad. Se le ocurrió entrar en un salón, tomar un caramelito de anís. Fue su perdición

Fernando Gracia Ortuño
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sábado, 2 de junio de 2012

Legado

La muerte vendrá a refrendar el bagaje de todo lo vivido en el constante esfuerzo deleitoso... Descansar, morir, como le dijo Cervantes, era lo mejor. Lo que hoy es ardua lucha, pasión de vida, mañana y siempre serás tú en el tiempo.

Fernando Gracia Ortuño
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viernes, 1 de junio de 2012

El tiempo

Me gusta cuando tu lozanía se ablanda en el asiento, y apartas con desdén la mirada del joven en el metro. O cuando de tu frente huye el reflejo de lo que fuiste. Te veo pasar, asustado, y de pronto aparece ante mí una arpía poseedora de tormentos.

Fernando Gracia Ortuño
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