viernes, 2 de septiembre de 2016

La rebelión de las lentejas

Novela de humor satírico y burlón que ofrece, desde las primeras líneas, una panorámica ácida y crítica de la sociedad actual, bajo el prisma alucinado de una perspectiva privilegiada, la de alguien que no tiene nada que perder, y que, por eso mismo, no pretende ser unilateral, sino globalizada. ¿Qué está pasando con el paro y los salarios que se tratan de imponer? Y lo que es más: De los que tienen la "suerte" de tener un trabajo: ¿Qué condiciones de control y arbitrariedad irrespirable, amén de majaderas, se le impondrán?  Aunque el tema de esta crisis, y por desgracia desde hace ya muchos años, es demasiado serio como para tomarlo a broma, sin embargo, como se suele decir, no hay mejor punto de vista que el de la sátira y las situaciones increíbles y kafkianas, los esperpentos endiosados y sus locuras e infamias verdaderas, para derrocarlo de una vez y construír sobre sus ruinas un mundo nuevo.
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sábado, 25 de octubre de 2014

El fin del sistema planetario


 
El ruido de la cañería recuerda al alargado y sutil sonido de las ballenas, cuando se pierde en la inmensidad del océano, recorriendo miles de kilómetros, con el lomo cuarteado por las heridas de las hélices de los barcos, avanzando incansable hacia su destino, al otro lado del mar. Pero las ballenas están en extinción, y yo, que estoy en mi casa, acabo de llegar de la misión tecnológica mancomunitaria. El tecnócrata jurista que legisla desde más arriba del Everest las nuevas disposiciones reorganizativas, -el que hace avanzar el sistema burocrático tecnológico medioambiental-,  y permite el progreso humanitario universal en el tercer, cuarto y quinto mundo, ahora trabaja a marchas forzosas. Dice lo que está bien y lo que está mal a los mass media, dispone, reorganiza y propone sugerencias. Hoy ha promulgado dos ante proyectos de ley para delimitar el campo y ponerle muros al viento, para crear nubes artificiales y estratificar el cosmos sideral a voluntad. A tal fin el petimetre engominado ha desplegado un equipo de profesionales expertos, han recortado en lo imposible los sueldos, según ellos siempre demasiado elevados, han establecido los cánones de la funcionalidad, productividad y esquilmación a ultranza del planeta, dentro de lo parametralamente posible, unidos a la explotabilidad de los acuíferos de la quinta puñeta planetaria, que ha de implementar y potencializar los logros en nuestro globo terráqueo a fin de reorganizar con eficaces resultados el país mancomunitario a la perfecciónalidad de recursos macrocromáticos e irisados de una nueva era, a la que con todas las garantías, abandera y denominará "La era de los recursos ultra galácticos".
Si como bien apuntan las directrices globalizadas de la Excelsa Economía Asiática a Gran Escala, antes denominada simplemente "Proto Esclavitud" o "Hasta Donde el Cuerpo Les Aguante", que desde Gengis Khan, ya demostró en su tiempo su potencial expansivo, represor y globaliasfixiante, estamos ante un resurgimiento de la Economía Global Extraterrenal, acompañado de un menoscabo del cincuenta por ciento del sueldo general de clase b, y la triplicación del esfuerzo y las exigencias requeridos para los puestos demandados en la Confederación de Naciones Esquilmadoras Extingue y Luego Piensa. La Crisis y los problemas medio ambientales de la humanidad confederada han pasado, pues, según informan los organismos legales de información comunitaria, a formar parte de la historia reciente del planeta Tierra Desierta, como sabemos, en proceso de cambio climático, medio ambiental, y a la deriva del Sistema Planetario antes denominado Solar.
 
Fernando Gracia Ortuño
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martes, 5 de agosto de 2014

El tiempo de leer una novela negra

Me gusta cuando presa de un irreprimible impulso la esfinge suelta su continente, despistada, desatando una limpia carcajada. Porque eso demuestra que alguna vez, aunque fuera hace millones de siglos, fue humana, o sintió algo sin ser plenamente consciente de ello. Esto, por otro lado, nos remite a la relatividad del tiempo en el mundo. Sabemos que todos estos momentos pasarán como la lluvia en las lágrimas de un Nexus seis de lo más peligroso y criminal, y en apenas 6000 millones de años, el sol desaparecerá, claro, llevándose consigo al sistema solar en su explosión. Incluso es muy probable que antes, mucho antes, o que no nos dé tiempo a salir del sistema echando chispas a más no poder en alguna nave espacial.

Por eso, antes de que todo eso suceda, lo mejor que os recomendaría sería leeros "Un detective en la cocina". No creo que el tiempo por eso deje de pasar, pero por lo menos no habrá pasado en vano durante un cierto tiempo...

Fernando Gracia Ortuño

domingo, 20 de julio de 2014

La carrera


Puedo verlos agitarse y saltar desde la rendija de la valla. Se han hecho cruces bajo una hornacina, han orado devotamente, poniendo cara de admiración, justo cuando ha sonado  una explosión. En cuanto han abierto la empalizada todos hemos salido en estampida tras de ellos. Estoy asustado. Las primeras calles no estaban tan confluidas, pero a partir de una curva el sonido y la agitación se han multiplicado. Alguno de mis compañeros se ha puesto nervioso cuando les sacudían el lomo con sus periódicos y esto ha incrementado la velocidad, otro se ha caído contra los tablones y unas luces instantáneas nos han deslumbrado en medio de todo el griterío. Hay gente por todas partes. En mi vida solariega en la dehesa había vista tanto bullicio. Es todo tan novedoso y divertido. Algunos bípedos vocingleros beben de unas jarras macizas y transparentes, mientras otros se precipitan, festejan y ríen alborotadoramente, Los más van vestidos de blanco y rojo con un envoltorio en la cabeza mientras se lanzan como locos en pos y delante de nosotros. Nos persiguen, los perseguimos, nadie sabría decirlo. Al final del recorrido, al entrar a trancas y barrancas en una inmensa plaza arenosa, han empezado los lances alrededor. Gritos, exclamaciones. Mugía fuerte rodeado de gente, pero nadie abrevaba, sino de esas extrañas jarras relucientes. Parece como si el espectáculo los extrajera fuera de sí mismos para correr y hacer lo que nunca hacen, sacudiéndose el aburrimiento…

 

Fernando Gracia Ortuño

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domingo, 6 de julio de 2014

El mojigato exorcista

Tenía como un hierro en la cabeza, con la forma de una cruz, lo notaba en medio de los entresijos de sus circunvoluciones mentales, porque esto a veces le generaba una presión intracraneal a punto de generar siempre una eclosión explosiva. Despuntaba. A veces sí... Y esa cruz no le dejaba pensar con claridad cuando veía un cuerpo desnudo. En efecto, por chocante que nos parezca, se volvía loco sólo por el hecho de pensar que ese cuerpo tenía órganos genitales, y esos órganos funcionaban, oh... se trastocaba, no lo podía soportar sin perder la paciencia. La cruz lo llamaba hacia regiones y cuevas del pasado, en plena Inquisición, cuando los censores más mentecatos e ignorantes gobernaban el mundo y asesinaron a mil millones de inocentes, por lo menos, bajo el pretexto de brujos o médicos hechiceros. Un día, en que casi se había olvidado de su hierro en forma de cruz en su maltrecho cerebro de maníaco sexual, vio una mujer desnuda por la calle, la miró con los ojos como órbitas elípticas desorbitadas, la vio salir como de una ducha, y la maldita cruz comenzó a despuntarle por el cráneo, pero esta vez de verdad, dando forma en su frente a unos cuernos de hierro fundido con el nombre del Salvador que un día todos crucificaron, justamente gentes como él, los hijos del mismísimo Demonio, sólo que él no lo sabía, y prefería sentirse Dios. En ese momento comprendió que no estaba loco, sino que se había reencarnado en el mismísimo Mesías, Nuestro Señor, El Salvador, sí, Él era Dios, nada más y nada menos, lo comprendió al instante al notar los cuernos de la figurilla plateada en forma de cruz que sobresalía directamente desde el interior de su cabeza cuadrada... No pensó por casualidad que había perdido un tornillo del crucifijo de metal incrustado en su cerebro de jabalín fáunico, no, pues no estaba "más loco que una cabra", sino que se le había aparecido, por ser tan devoto, el mismísimo Jesucristo  -porque Dios si existía no tenía sexo, ni orinaba ni comía, pero como había visto aquella mujer en pelota picada y se escandalizó tanto que casi se puso a gritar de la manera más indecorosa en medio del gentío, se acordó que Él era la misma Resurrección Reencarnada, y que no estaba loco, como decían algunos vecinos: "más loco que una cabra", ni "como un cencerro", sino que simplemente ya no era mortal ni de carne y hueso como los demás,  ni mucho menos estaba "como una regadera", como aseguraban otros. Pero, inexplicablemente, como todo o casi todo en él, en ese momento en que se dio cuenta que estaba aureolado por la divinidad, se lo hizo todo encima de nuevo, así,  de repente,  como cuando su padre le regañaba y su madre se echaba a llorar, se lo hizo encima por no querer reconocer que también los tontos mean y tienen pito... y no son justamente divinos... sino unas malas pécoras de cuidado. Recordó entonces cuando su padre de pequeñito lo zurraba y lo azotaba enloquecidamente con la correa cada vez que tan testarudamente se volvía a orinar y defecar encima, sólo por llevar la contraria a todo el mundo. Se lo hizo encima de nuevo, y siguió haciéndoselo una vez más, y otra y otra, hasta que todo olió muy mal a su alrededor y despertó en el centro psiquiátrico de su barrio, una mañana nubosa, en que la cama y las correas de la camisa de fuerza estaban totalmente infestadas e inundadas de un material, a su entender, Imperecedero, como él, El Espíritu Santo nuevamente venido a la tierra para salvarnos del mismísimo mal...





Fernando Gracia Ortuño
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sábado, 31 de mayo de 2014

El calzonazos


Estoy convencido que cuando vea la foto del perfil se preguntará ¿Y ahora qué le pasa a este payaso? No se ríe ni de broma cuando chateamos, pero si encima pongo esta imagen sardónica… Desearía que se pudiera destornillar de risa alguna vez. Que una mañana se despertara y fuera otra, más divertida y llevadera, alegre. Pero para eso tendría que ser distinta, haber nacido con otro talante. ¿En otra región más al sur? ¡Cuánto frío hace aquí! Es demasiado orgullosa. A la mínima se poner a gritar. Confunde el carácter, la personalidad, con el orgullo barriobajero. Por cualquier cosa  ofende. ¡Y no le contestes! Sin motivo ya la tienes liada. Y sólo porque te entretienes con el desayuno, por ejemplo. Es una convivencia difícil. Lo sé, me tendría que haber buscado una más joven, más guapa y más divertida. Suerte que esto no se lo enseño a nadie. Todo el mundo pensaría que soy un calzonazos y que me dejo dominar por una mujer orgullosa sin un ápice de sentimientos como la ternura, el cariño o el deseo. El deseo… ¿Cuánto tiempo hará que no…? ¡Sería un desastre! Esto es descabellado. Voy a dejar de escribir un diario. Por más que trate de ocultarlo, lo encontrará, lo sé. Es que me puedo meter en un buen lío con una mujer así. Soy como soy, vale. Sin embargo, no lo puedo remediar. Sí, tal vez es cierto que soy un amargado dominado por su mujer, como dicen, y que no tengo remedio. Cuando veo por la calle una de estas bellezas de bandera pierdo el sentido. ¡Cuánta clase tienen en comparación con mi orgullosa mandona! Pero me estoy empezando a hartar, saben. Esto no tiene sentido. ¿Por qué no la abandono de una vez? Ahora podría coger las maletas, ¡exacto!, en este hotel donde estoy alojado, y largarme de buenas a primeras a otra ciudad, echando chispas, allá adonde jamás podrá  localizarme. Lo tengo todo para huir. Y tan bien. Empleo de comercial ejecutivo, coche, ropa, ordenador. ¿Qué más? ¡Valor! ¿Pero entonces…? ¿Cuánto tardaría en encontrar otra para las sesiones? ¿Dónde encontraría una fiera experta en sadomasoquismo que me fustigara como una loca todas las noches con su traje de cuero y su voz de cazalla? ¿Y esa máscara? Ah! ¡Esa máscara tan...! Sólo de pensarlo…

Fernando Gracia Ortuño
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domingo, 27 de abril de 2014

Ecuménico papal humanitario

Puede estar seguro, doctor, que es verdad, esto que me ha pasado no es ningún sueño. Estaba esta mañana en Roma, en la Piazza San Pietro, con todo esa ingente cantidad de gente que daba la vuelta a cien manzanas de edificios, y allí en la calle, donde había por lo menos cinco millones de peregrinos venidos de todos los rincones del orbe, y entre autoridades, políticos, cardenales y magistrados de la UE, no se podía respirar, varios cientos de personas se desmayaron, y los servicios de atención al peregrino estaban colapsados, junto con los puestos de la cruz roja, pero el boato y la pompa en aquella plaza no tenía límites. Yo estaba también a punto de una apoplejía de pura y diáfana devoción celestial, no es ningún sueño, es cierto y real como la vida misma. En un momento dado hubo un gran silencio en toda la plaza San Pietro, sólo se podía oír el zumbido de las abejas, lo que aprovecharon los magistrados subiéndose a las balconadas papales del Palacio Pontificio, y desde lo alto del imponente púlpito iniciaron una perorata muy formal que a la postre acabó con el dedo acusador sobre el reverenciado papa, excomulgándolo formalmente. Sí, créame doctor: Interrogaron primero y luego acusaron al sistema católico de fastuoso y lucrativo. Yo no daba crédito, era algo inaudito, las protestas de la gente allí congregada no tardaron en levantar revuelos ensordecedores que se iban extendiendo por las calles adyacentes hasta formar un auténtico pandemonio. Excomulgaron al mismo Papa electo tachándolo de lujoso. Yo me frotaba los ojos y me limpiaba las orejas sin dar crédito, no salía de mi estupefacción. Comenzaron a interrogarlo acusadoramente con altavoces y megáfonos de mano, y el Papa, ocultándose entre las altos y lujuriosos cortinajes de seda color púrpura, les contestaba a cada pregunta, a regañadientes y sumamente abochornado, intentando defenderse infructuosamente con su respectivo megáfono. Contestaba como haciendo pucheros, y llegó un momento en que entre los vítores y los gritos acusadores, se puso a gimotear llorando por la humanidad, la mayoría de las veces con monosílabos. "¡Sí, no, bueno, yo..., todo este tinglado ya estaba... pero no hay duda que... se vive bien... claro, dignatarios..." lloriqueaba como preso de súbita angustia o  como sobrecogido in fraganti. Los magistrados de la Unión Europea lo excomulgaron entonces de pronto en uno de estos arranques de compasión injustificada, a él y luego a su tumultuoso equipo de cardenales y obispos, bajo pena de cohecho y manipulación de bienes humanitarios, y les expropiaron de todos sus bienes y cuentas en el extranjero, con el fin de cederlos a obras sociales en todo el orbe. El estruendo en la plaza se hizo insoportable, hubo golpes y encontronazos violentos entre los que se decantaban a favor y los que se declaraban en contra. Se hicieron barricadas y muy pronto los contenedores estuvieron incendiados e hizo acto de presencia la fuerza policial. En un momento dado, cuando se llevaron al Papa esposado, pude irme del lugar, con mucha dificultad y tropiezos entre la multitud. Apenas tuve tiempo de coger un último vuelo hacia Barcelona, entre miles de gritos y coreos a la selección, que acababa de marcar frente a otro equipo nacional. La multitud, rabiosa unos minutos antes contra su majestad reverencial, El Papa, se entretenía ahora con el fútbol, mientras que los feligreses descontentos con las últimas decisiones comunitarias se sumaban a los perdedores del equipo rival. Y en medio del tumulto, hasta hacer temblar las paredes, un estruendo espantoso gritaba por todo el país hasta romper los tímpanos: ¡gol, gol...!!!

Fernando Gracia Ortuño
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viernes, 11 de abril de 2014

Yo conocí a Bolaño

Allá por el final de la década de los noventa, yo me hallaba pasando un mes de vacaciones forzosas en Blanes, en la Costa Brava. No sabía nada del lugar, apenas lo conocía, sólo sabía que tenía un promontorio muy turístico y espectacular llamado La Palomera, que era un pueblo de costa de antiguos pescadores muy bonito, y sobre todo que un amigo mío alcohólico tenía una apartamento allí frente a la playa. Bueno, la cosa, como diría Bukowski o Chinasky, pintaba bien. Lo malo, (y que yo no sabía por aquél entonces, pues nunca llegas del todo a conocer las intenciones y los ocultos motivos de un borrachín taimado y bregado en asuntos picarescos), es que la chica, que luego se convirtió en su novia, estaba allí, pero bueno, para el caso es lo mismo, puesto que lo importante en este asunto es que yo durante ese mes  de paseos de la manita, besitos en la mejilla y otras historias, aquél mes, como digo, controlando los excesos alcohólicos de mi nueva amiga, conocí al mismísimo vate de las letras hispanas, el chileno de cerebro portentoso y genial Roberto Bolaño. Y lo que es más, hablé con él en un bar frente al paseo marítimo durante unos minutos. De literatura, por supuesto, ¿de qué podría haber estado hablando con él, si no?
Tengo que decir, llegados a este punto, que por aquél entonces ya era consciente del hecho de que quería ser escritor, y él también, por lo que pude comprobar después. No era muy conocido en el 90 y tantos, y como estaba discutiendo con mi ligue ocasional acerca de si los escritores malditos nunca son aburguesados ni convencionales hasta el punto de llegar a ser dogmáticos o beatos, Bolaño se echó a reír en algún momento desde una mesa contigua, y enseguida entablamos una conversación muy reveladora.
 
Bolaño estaba escribiendo al mismo tiempo que hablaba conmigo y observaba a mi amiga de hito en hito, cuando levantaba la cabeza de la mesa, mirando un momento hacia el mar en el horizonte. Al cabo de un rato me dijo que iba a publicar en breve "Los detectives salvajes". Al momento me dio un vuelco el estómago, y le dije del título que estaba bien, pero que era una casualidad increíble, no me lo acababa de creer que le pusiera un título tan parecido a uno mío. El tampoco se lo creía, por eso le dije que no utilizara por favor ese título para su novela, puesto que ese título lo iba a utilizar yo en otra novela que pronto publicaría titulada "Los detectives salvajes gastronómicos", o  "Los detectives salvajes cocinando almejas", y que esto tal vez eclipsaría mi título, que por ciento, todavía tenía en mente. Esto le hizo gracia al amigo Bolaño. Creo que pensó que le quería birlar por la cara el título de su novela, y por eso, después que le hube contado el argumento, me dijo que titulara mi obra "Un detective en la cocina" solamente, que le quitara todo salvajismo inútil, y que estuviera tranquilo que para cuando la publicara ya no habría peligro de asociación indebida. Tal vez alguien me lo copiaría en el futuro, pero que a fin de cuentas los títulos muchas veces eran lo de menos. Pero eso sí, que le pusiera "Un detective en la cocina" a la novela negra que quería escribir con semejante argumento, que no había peligro alguno por su parte..
Por supuesto le hice caso a pies juntillas. Y unos años después comencé a escribir mi novela, mientras me daba cuenta que la palabra detective estaba en muchísimos sitios y títulos de novelas negras y detectivescas. Pero el caso es que fue sólo hace unos años, cuando vi que habían hecho un programa de televisión con un título parecido de recetas de cocina para niños. Pensé que Bolaño me traicionó a la postre y le sugirió el título a alguien en Sudamérica, en Méjico concretamente... ¿Quién se pone a investigar en una cocina? La idea sólo se le había podido ocurrir a Vázquez Montalbán -y luego a mí-, quien por cierto nunca investigaba en las cocinas, sólo elucubraba mientras cocinaba su detective y quemaba bodrios en su chimenea de Vallvidriera. Sí, al final le hice caso a Bolaño, que tenía un gran sentido del humor, además de muy buen gusto con los escotes, y a pesar de que se me adelantó varios lustros con el título, plagiándome a priori quince años antes, y pese a que  sus detectives eran tal vez incluso menos salvajes que el protagonista de mi novela, reconozco que tenía razón en una cosa: Y es que a fin de cuentas el título de una novela muchas veces es lo de menos.
 
 
Fernando Gracia Ortuño
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lunes, 3 de marzo de 2014

Entrevista a la escritora y abogada Jimena Tierra

Semanas atrás le hice esta entrevista a la escritora Jimena Tierra, que ha publicado una novela negra titulada "Equinoccio", y que nos va a hablar un poco de ella..

1)   ¿Quién es Jimena Tierra. ante todo? ¿Es tu nombre real, o un pseudónimo inventado?

Jimena Tierra es un pseudónimo que llevo empleando desde que inicié mi carrera como escritora profesional, allá en el 2002. Es un nombre que me gusta especialmente porque recoge raíces de mi padre y de mi madre, dos personas que me han apoyado incondicionalmente y a quienes estaré eternamente agradecida por enseñarme a ser quien soy.
                                              
2)     Háblanos un poco de tu novela negra: ¿Por qué el nombre de Equinoccio?

Como sabes, la novela tiene como hilo conductor el apasionante y desconocido mundo de las sectas satánicas. Estos grupos valoran especialmente los equinoccios (en lugar de los solsticios) para hacer sus rituales.

3)      ¿De qué trata la novela?
La historia presenta dos argumentos paralelos con una trama común. De un lado tenemos a Eduardo, un estudiante abnegado e introvertido cuya curiosidad se ve incentivada por el atrayente mundo del hedonismo. De otro, tenemos a un detective fracasado al que se le encarga investigar el suicidio de un universitario.

4)    Jimena, estudiaste Derecho. ¿Te ayudó, el hecho de estar esta carrera relacionada con temas jurídicos, a la hora de escribir “Equinoccio”?

Entre otras cosas, la carrera me ha ayudado a esbozar algunos temas como el funcionamiento de las oposiciones a judicatura, la presentación –a muy grandes rasgos– del sistema universitario o la personalidad sacrificada y poco sociable del estudiante, aunque no trata de ser una exposición determinante en el desarrollo del argumento. Esos conocimientos han servido de medio para acercar al lector a los protagonistas lo suficientemente como para que pueda identificarse con ellos.
5)      ¿Qué aspectos de lo jurídico aparecen en el libro?

El libro es una ficción inspirada en hechos reales y trata de ser fiel al sistema jurídico español pero, como comentaba, no suponen un fin sino un medio para el desarrollo de la historia. No es una novela de corte jurídico, aunque acoge pinceladas del código penal, el sistema de oposición a judicatura e incluso tintes de corte fiscal que aluden a ya poco sonada estafa de forum filatélico.
6)    ¿Crees que a los escritores de novela negra nos atrae el tema del mal porque en la sociedad, justamente, hay poca justicia en general?

La Justicia no es más que un pensamiento utópico inventando por los filósofos griegos. Sin embargo, no creo que el hecho de que la Justicia no exista como concepto general –salvo concretas excepciones que ahora mismo tendría que recordar– influya en el auge de la escritura o lectura de la novela negra. La novela negra va in crescendo en la literatura contemporánea porque, a mi juicio, el lector se ha vuelto especialmente exigente y necesita que ser sorprendido, verse inmiscuido en una intriga de la que pueda participar e, incluso, sentirse detective capaz de descubrir el desenlace antes que el propio protagonista.
7)      Siempre he pensado que la carrera de abogado es muy complicada y comprometida, porque muchas veces tienen que defender a delincuentes confesos. ¿Te has encontrado alguna vez en alguna de estas situaciones tan comprometidas, y no has sabido qué hacer? O siempre se pueden eludir tales situaciones…

La labor jurídica que yo desempeño no se pone de manifiesto ante los tribunales, afortunadamente. Y digo afortunadamente porque soy mujer de pensamientos arraigados y es muy posible que no fuera capaz de defender a un delincuente en cuya inocencia no creyera, lo que limitaría notablemente mi actividad laboral.

8)       ¿Crees que el amor siempre tiene que ocupar un espacio bien definido en una buena novela negra, como en el caso de los clásicos, como Ross Mac Donald, Hammett, o Chandler?
Yo no iría tan lejos con respecto al amor. Se trata de un concepto demasiado potente como para ubicarlo de forma imprescindible en una buena novela negra. Hablaría, más bien, del pulso amoroso o la tensión sexual, que no deben faltar en aras de fomentar o disuadir la curiosidad del lector jugando con los estímulos, del mismo modo que en los espectáculos musicales no es prescindible la figura del bufón introduciendo la sonrisa.

9)    Y ya que estamos hablando de novelas negras, ¿por qué no nos aconsejas una para leer, una que te gustó mucho?
Soy poco lectora de novelas negras. Puedo correr el riesgo de dejarme embaucar por el argumento y apartar mi trabajo, si tengo la sensación de que es mucho mejor que el mío, o perder la identidad de lo que estoy escribiendo y verme alienada por el estilo de la lectura que haya emprendido. No obstante, uno de los escritores que más me atrapan es Phil Kerr, del que he escrito un artículo en la revista http://www.ihistoriarte.com/author/jimena/ y al que recomiendo fervorosamente. ¿La novela que recomiendo? Si los muertos no resucitan.

10)     ¿Por qué te gustó tanto esta novela?
Porque tiene una redacción original plagada de metáforas sarcásticas, un estilo irónico y una pluma afilada que pone en boca de su protagonista. Además, me encantan las historias desarrolladas en la época de la Segunda Guerra Mundial.

11)     Dinos algún escritor que te ha marcado, tus preferidos, y alguna de sus obras que te han gustado mucho.
Siempre le seré fiel a Miguel Delibes y La hoja Roja. Tengo un recuerdo muy especial de cómo afronté aquella primera lectura, como una tarjeta de presentación que me dejó tan impactada que, nada más acabarla, no tuve más remedio que dirigirme a la librería para comprar todas sus novelas y no dejarme ninguna de sus historias en el tintero.

12)      ¿Tienes algún proyecto actualmente en cuestión de literatura?
Durante unos meses voy a experimentar un importante parón en el terreno literario, pero espero proseguir muy pronto con una novela en la que estoy inmersa y de la que llevo ya prácticamente toda la presentación y el nudo escritos.

13)      Me he informado por ahí de que tienes un blog de literatura y reseñas bibliográficas: ¿Podrías indicarnos aquí la dirección web, para nuestros seguidores pueden leer alguna de estas reseñas de obras clásicas?
Por supuesto, el blog se llama El invierno de las letras y su dirección es : http://jimenatierraliteratura.blogspot.com.es/.

14)       ¿Crees que hoy en día es importante la publicidad de una novela?
Lamentablemente, la publicidad es más importante que la calidad de la novela. Sí, es muy importante saber moverla. Ya hemos visto que Ambiciones y Reflexiones, de Belén Esteban, está en la cresta de la ola. El consuelo es que también lo está El francotirador paciente, de Pérez Reverte.

15)     ¿Es más importante la publicidad o bien la calidad y/o maestría de la obra?
Jajaja, no había leído esta pregunta cuando he respondido a la anterior. Que la obra sea buena o mala no es relevante, lo que verdaderamente importa es cómo se promocione. Ahí tienes a El hipnotista, de Lars Kepler, el pseudónimo del matrimonio sueco Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho. A mi modo de ver, una trama negra rebuscada descrita con un vocabulario falto de carácter que, a pesar de sus limitaciones, ha atrapado a medio mundo e incluso se ha llevado a la gran pantalla con un presupuesto exiguo.

16)       ¿Por qué crees que está pasando esto en la actualidad?
La mayoría de los lectores no busca complicaciones, pero no creo que esto sea  una cosa actual. La realidad es mucho más difícil de sobrellevar de lo que pueda describir cualquier novela y el aficionado a la lectura prefiere abstraerse en lugar de inmiscuirse, del mismo modo que ocurre con las películas intimistas del cine español. Por ello triunfa la audiencia de la televisión basura durante años. ¿Para qué leer Cinco horas con Mario y pasar una tarde de libros y lágrimas? Resulta más cómodo evadirse en lugar de flagelarse, es algo absolutamente natural. Sin embargo, me gustaría apuntar que no todo está perdido. Autores intimistas como Javier Marías, Antonio Muñoz Molina o Enrique Vila-Matas (por mencionar algunos) siguen gozando de un fabuloso y merecido reconocimiento en el terreno literario contemporáneo.

Pues amiga Jimena, gracias por tu amabilidad, con esta última respuesta finalizamos por hoy las preguntas. Estoy encantado de haber podido entrevistar a una escritora con talento como tú. Te animo a seguir escribiendo, y a continuar en contacto y colaboración, y me  despido hasta la próxima ocasión.

 
Fernando Gracia Ortuño

jueves, 13 de febrero de 2014

Mensaje en una botella para mi suegra

                            
                  Mensaje en una botella para mi suegra

La noche fatídica de mi separación estaba deleitándome con un vino de La Rioja cuando sonó el teléfono. Me pasó el inalámbrico y me dijo:
-Es mi madre. Dice que ha encontrado una botella con un mensaje tuyo…

-¿Con un mensaje mío? –pregunté perplejo, sumamente contrariado por la interrupción de mi hora lúdico-vitivinícola. “Esto me pasa por mi afición a la escritura, siempre escribiendo, por todas partes, en cualquier lugar y en todo momento…”

-Sí, tuyo –me espetó ella, como si ya estuviera informada del asunto, y no tardó en ponerme sobre aviso: “¿Así que encontró mi relato?”, pregunté, temiéndome lo peor. Pero el daño ya estaba hecho: Enseguida se puso mi suegra al aparato. Si lo dejaba a medio metro de mi oreja, escuchaba igual. Lo cierto es que ahora podría estar sordo. Porque lo peor vino al día siguiente, cuando me leyeron, como si se tratara de un oficio de la Santa Inquisición, el fatídico texto que escribí y nunca supe dónde fue a parar, escrito que, para mi desgracia entre comillas, dice así:

                           “Los murmuradores del abismo”
“Allí donde moran los murmuradores del abismo, esos seres viscosos del inframundo, que desde el pretil oscuro de la gran cloaca van rezongando entrometidamente, hablando mal o difamando sobre la vida de los extraños moradores y sus primogénitos primegistos, huele fatal, allí donde  medran estos seres ocultos entre sombras de sucias mazmorras, allí late el mal con toda su aura perversa. Pero el destino de estos murmuradores del abismo, ocultos entre tinieblas, nunca lo puedes prever. Te puede tocar, en la rifa de la vida, como un hijo, un pariente, o, lo que es peor, como una suegra…”

¡Maldita suerte la mía, entre comillas, pensé!: Este escrito me lo dejé un día en casa de mi suegra, en un botellín de vino que bebí antes de tiempo, porque luego se me olvidó tirarlo, y, lo que son las cosas, ¡ahora soy feliz! 


 

Fernando Gracia Ortuño
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jueves, 6 de febrero de 2014

Chimbo, el replicante


Todo estaba transcurriendo según lo habitual hasta el momento, siguiendo el patrón de un almuerzo más después de la jornada de explotación de recursos. Los robots de la Difama Corporation se alinearon en filas concéntricas a nuestro alrededor, rodeándonos en pocos segundos para que no pudiéramos escapar. Su voces eran metálicas pero suaves, cual mugidos de circuitos electromagnéticos que fluyeran por debajo de la conciencia, apenas perceptibles en realidad, pero sumamente efectivas. Habían estado escuchando nuestras conversaciones en el refectorio oficial de la multinacional de la EU, y no querían dejar escapar la oportunidad de aprovecharlas. Chimbo, el más activo de los Replicantes Especuladores Ocultos, tratando de disimular su estrategia, hizo un quiebro con el fin de driblar a uno de los robots y salir por patas en busca de ayuda, pero no surtió efecto: en décimas de segundo estuvo inmovilizado, berreando desde el suelo toda clase de sinsentidos. Enseguida, mientras los demás contemplábamos la escena, llegó la autoridad, y Chimbo, muy nervioso e hiperactivo, empezó entonces a ponernos a parir a todos los que habíamos estado allí comiendo con él, compartiendo chascarrillos y bromas, como si ya no nos reconociera.
Su transformación para salvar el pellejo fue impresionante, inenarrable o inaudita. Empezó a sacar los trapos sucios de todos y cada uno de los allí presentes, excepto los robots, y la Suprema Autoridad que acababa de llegar, claro, para reconvenirlo y ponerlo en su sitio, puesto que últimamente no estaba realizando bien su trabajo, se metía con los demás sin motivo aparente, y, para salvar su culo calumniador, había estado hablando mal incluso de la Suprema. El cabecilla de los robots de la Difama Corporation le soltó un golpe de porra y Chimbo volvió a caer, maldiciéndonos a nosotros en lugar de criticar el  Sistema de Recortes implantados por el Gobierno Federal Ultranacionalista Europeo, también llamado Germano Unificante, o del Imperio de la Setecientos Cincuenta Años.

Cuando estuvo de nuevo sujeto Chimbo, en su frenesí acusador del mundo, un espasmódico y paranoico berrear continuo y sumamente amedrentado, se le acercó la Autoridad. A nosotros el pelotón de máquinas ciborg nos vigilaban por sus cámaras oteantes por si realizábamos algún movimiento extraño.
No podía dar crédito a mis oídos. Unos minutos antes Chimbo los había estado maldiciendo, organizaría manifestaciones, actos de protesta, asambleas informativas, boicots al sistema de funcionamiento, eran escoria, lo peor, merecían la pena capital, y él mismo los ultrajaría en la picota una vez alcanzado los primeros objetivos de la sedición que pensaba organizar con la colaboración de todos nosotros, los explotados esclavos orgánicos de la compañía. Ahora en cambio, cuando se veía controlado, le había dado la vuelta a la tortilla y nos acusaba y calumniaba uno por uno en su detallado análisis capcioso paranoico. Era como si todo lo que hubiera estado planeando con nosotros en aquella mesa unos minutos antes, ahora lo estuviera utilizando en nuestra contra, todo y que él era el único responsable y organizador de la supuesta revuelta.

La autoridad lo hizo callar en un momento dado. Era de las pocas que quedaban de carne y hueso, una de las que controlaban a los ciborg desde un complejo sistema de programación organizado en la nave intergaláctica Mercacomun lustros atrás, vía satélite interestelar. Sólo le dijo unas cuantas palabras para acallarlo de una vez en su desaforada estampida de gritos, insultos, acusaciones falsas y calumnias a mansalva, pero Chimbo parecía no escucharla, estaba demasiado fuera de sí, atenazado por el pánico a su futuro inmediato, todo lo que lo atenazaba hasta tal punto que no se daba cuenta siquiera de sus actos más inmediatos, era él mismo, pero no se daba cuenta.

-Repita aquí todo lo que hemos grabado contra sus compañeros y contra el Sistema de Explotación de los Recursos. Pero Chimbo, el Replicante que nos había estado poniendo a mal con todo el sistema organizativo, como le llamábamos todos, juguete de sus propias emociones, humanas, demasiado humanas y volátiles, se había quedado sin habla. Antes tan agitado y movido, por primera vez el Sistema de Explotación tenía pruebas fehacientes contra él. Ahora se estaba muy calladito allí en el suelo, como en extraño trance autocompasivo, pero en breve se lo llevarían a las dependencias para los reajustes precisos de sus circuitos electrónicos mentales en el Reformatorio de Rehabilitación de Androides Desestabilizados y Peligrosos del Sistema de Explotación Mancomunitario Intergaláctico Planeta Azul.

 

Fernando Gracia Ortuño

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sábado, 25 de enero de 2014

Los ciborg oteadores del amor


Cae la tarde violeta, y la noche, con su manto de estrellas, se adueña paulatinamente de la mega-metrópoli industrial, mientras más 250 millones de almas, ocultas en centenares de quilómetros cuadrados de nichos de feldespato, mica y asfalto, tratan de dormir entre tinieblas de pesadilla, oscura como el metal galvanizado del futuro de sus existencias de soplo. Los robots de la UE, encabezada por la Markel, terrateniente burócrata de ojos fríos de hielo de la tecnocrática Káiser Punch europea, gobiernan la ciudad.
Son millones y millones de circuitos comerciales electromagnéticos los que dominan con sus programas informáticos de última generación para mantener a la población ocupada o bajo control. Cada noche, desde el funicular que conecta el Castillo de Montjuich con el Ciborg Pantocrátor del Templo del Tibidabo, los Hornos Ratzinger de última generación son transportados por los cables teleféricos hasta la Urbe Hospital Beneficencia del Valle Zafa Rank Xerocs.
Cada vez son más los desocupados, y el control de las masas desempleadas y famélicas se hace cada vez más difícil. Pero los nuevos hornos industriales, con sus ametralladoras de última generación controlan cualquier desmán sedicioso desde el aire. Están programados para ello, como los robots militares y los robots que controlan el aire.
Una noche, uno de estos hornos Ratzinger de última generación, con su mono-prismático electrónico, divisó una pareja sospechosa desde lo alto del cableado del funicular, y le preguntó a su compañero de cable si los desintegraban, puesto que parecían muy sospechosos allí en aquél búnker en lo alto del Coll de la Rovira.
A lo que el otro Horno Ratzinger de última generación le contestó que no sabía exactamente lo que estaban haciendo esos dos sospechosos allí a aquellas horas de la noche, posando un labio contra otro, y permaneciendo así abrazados durante largos minutos, contemplando la ciudad después, y emitiendo de noche aquellas extrañas gotas por los orificios pertenecientes a lo que parecían unos ojos de humanos.
Gotas extrañas e inauditas de salitre transparente que resbalaban lentamente por sus mejillas mientras contemplaban la noche violeta y se abrazaban y sonreían después, se volvían a abrazar y permanecían un rato así, perdidos en medio de la noche, con esas gotas y abrazos, miradas y sonrisas del todo sospechosos, que los dos hornos industriales, robots con patas y artilugios y ojos y demás, con sus ametralladoras láser de última generación provenientes de la UE,  -al mando de la que estaba la Markel y sus equipos de rescate-, no podían comprender.
Aquellas cosas eran sólo dos humanos sin empleo ni beneficio, pero hacían cosas del todo extravagantes.

 

Fernando Gracia Ortuño
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jueves, 9 de enero de 2014

El búnker

Encerrada en su búnker había hecho acopio de todos los objetos sustraídos al mundo exterior. Por fin podía estar a solas con ellos. La mayor parte eran libros, recuerdos de familia y otros elementos, adornos, figurillas, mesas, trípodes, la mayoría informáticos, pero también alimentos y una pequeña televisión que la mantenía informada de las noticias que le llegaban del exterior. ¡Ah, aquéllo sí que era vida!
 
Durante toda su existencia había estado soñando con ese momento. Por fin estaba sola, rodeada de sus objetos más queridos. Lo único que lamentaba tras el desastre  nuclear era no haber alcanzado aquél cojín en forma de corazón que tanto le gustaba en la casa de su familia, de un satén brillante y resbaladizo al tacto. Lo que más le había fastidiado siempre en la vida era no hacerse con aquello que le apetecía. Le parecía fantástico por aquél entonces, pero ahora que ya nada importaba, lo echaba a faltar, como si nunca lo hubiera podido tener para ella sola y nada más.
 
Fernando Gracia Ortuño
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viernes, 13 de diciembre de 2013

Los zombie smoking

No saben que están muertos, porque en su lucha encarnizada por la vida, su "vida", hace tiempo que persiguen a todo bicho viviente para exhalarle su humo contaminado y radiactivo de partículas de amianto, cobre, amoníaco y alquitrán.
Hace un rato he salido a comprar, enseguida se me ha puesto uno delante fumigándome a su gusto, y entonces he tenido que cambiar de acera, pero un grupito de ellos que estaban echando más humo que una locomotora a pleno rendimiento de carbón, se ha puesto a perseguirme enconadamente... No había manera de librarse de ellos. Todos al unísono se han puesto entonces a entonarme aquello de "¡Quiero fumaaaaaaaaaaaarrrr...!!! ¡Quiero fumaaaaaarrrrrr...!!!" Me escupían y acosaban de un modo acojonante, no tenía salida, era como si el malo fuera yo por no fumar, y además, cuando dejaban el cigarrillo en las últimas, proferían toda una sarta de insultos contra mí, que al final tuve que poner pies en polvorosa. Era espantoso, sus alaridos infestaban el aire, y a medida que me alejaba corriendo como un loco, y cada vez más, hasta convertirlos en una bolsa infecta, apestosa e irrespirable que parecía la humareda de algún volcán o el incendio de San Francisco visto desde el Golden Gate, no daba crédito a la suerte que había tenido de no acabar gaseado y muerto como ellos. Después, por lo que pude otear desde la colina de mi barrio se pusieron a comerse un brazo de un pobre desgraciado que encontraron por allí: un antitabaco, un vida sana, o un deportista, seguro...
Desde que el gobierno había prohibido fumar en los bares, todos los fumadores ambulantes se habían revolucionado, y para llevarles la contraria a los antitabaco, se habían puesto a fumar a mansalva como carreteros intoxicados, hasta morir contaminados la mayoría de ellos por el humo de sus cigarrillos, pero lo curioso del caso fue que luego volvieron a la vida. Era descojonante, nadie de los del mundo civilizado, ningún vida sana, ni ningún dietista, ni una autoridad, ningún gobierno municipal ni periodista sanitario en su sano juicio, podían dar crédito a lo que las noticias emitían a cada momento por la televisión. Las imágenes mundiales se hacían cada vez más estremecedoras, "por mis cataplines", según proferían a grito pelado de la manera más espantosa y horrible que se pueda uno imaginar, no sólo fumaban en todos los rincones del trabajo, en el interior de los bares y en las casas, en los ascensores, en los vestíbulos de los colegios y en los mercados, en las playas, en los autobuses, en los debates, sino que ahora encima el humo se había vuelto omnipresente en la vida de los seres humanos que todavía no deambulaban como cadáveres en pena cabreados y humeantes a más no poder. Como en cualquier país civilizado, y haciendo la competencia a las altas chimeneas de las industrias más contaminantes, al caos de la radioactividad y el smog, el humo se hacía cada vez más irrespirable, espeso y omnipresente en la vida cotidiana. Tanto que hasta había convertido a la especie en inmortal. Pues los zombies smoking, ¿qué no eran sino inmortales ejemplos de la ansiada y codiciadísima perennidad? Si existía, pues, una planta de la eterna juventud, esta por fuerza se llamaría tabaco.
 
Fernando Gracia Ortuño
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lunes, 2 de diciembre de 2013

El pan chicle

Queridos amigos, éste que ven en la foto es el típico pan chicle de toda la vida de mi barrio, que, puestos a considerar cuestiones alimentarias y demás comparaciones y cotejos en toda el área municipal y regional, es el pan chicle de esta ciudad-población de más de treinta millones de habitantes que toman, tal vez, cada día más de cincuenta millones de personas en todo el país. El pan chicle, como sabéis, tiene la característica de convertirse en chicle en pocas horas. Pero el que he descubierto en un paquistaní hace unos cuantos meses y estoy comercializando a escondidas por otros barrios, es diferente: éste es, como digo, el auténtico pan, el pan de antes del boom demográfico que desencadenó la comercialización del caucho alimentario.
 
Los paquistaníes donde compro las diez o doce barras cada día ni se imaginan que yo lo revendo después en otras partes de la ciudad al triple del precio. Pero como el pan es de tan alta calidad, y puesto que en toda la ciudad, la región y el país no hay uno como éste, los consumidores no dudan en comprármelo al precio que sea, y que en verdad vale la pena, os lo aseguro, pagar un poco de más.
Lo vendo en establecimientos donde sé que  acude muchísima clientela a comprar de todo, como Globoexpansión o Mecachis Alimentarismo, que son sitios donde puedes comprar de todo. Los directivos de estos centros, por lo visto han sabido reconocer la calidad y no escatiman en precios al respecto. Sin embargo, es un negocio qué sé que no va a durar, lo intuyo. Me imagino el porqué: Normalmente, el pan chicle se vende a 90 céntimos la barra, pero el que tiene cierta calidad, sin llegar a ser tan bueno como éste, incluso triplica el precio del pan chicle, y eso que no vale un duro como pan para comer en la mesa, pero por lo visto hasta que no llegaron estos panes al colmado de mi barrio, nadie se había dado cuenta, y ahí está el clic de la cuestión de mi negocio, tan floreciente como desconocido.
 
P.S. Por favor, os ruego una cosita, y es que no difundáis esta noticia de mi negocio del pan de verdad entre vuestros conocidos, si no mi chiringuito se iría al garete en menos que cantara un gallo, aunque fuera, ay, de un tipo de pan venido del otro lado del mundo...
 
 
Fernando Gracia Ortuño.
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miércoles, 6 de noviembre de 2013

Microrelatos ganadores del concurso literario "Equinoccio"


   GANADORES DEL CONCURSO EQUINOCCIO MICRORRELATOS:

- ELENA RAMOS: Se despertó con un sobresalto. Saltó de la cama y el e-book cayó al suelo. Se iluminó la pantalla, lo justo para ver la página de Equinoccio por la que se quedó antes de dormirse, e inmediatamente se desvaneció la luz. Fue al salón e intentó encontrar el interruptor con su mano temblorosa, pero no pudo. Salió hacia la cocina y fue di...rectamente al congelador industrial. Lo abrió y miró dentro. Estaba vacío. Oyó una respiración justo a su espalda y entonces sintió miedo. La persona menuda que debía estar dentro, congelada, había desaparecido, pero no estaba muy lejos...



- FERNANDO GRACIA: El cumpleaños

Hacía años que esperaba ese momento. El día del Equinoccio ella hubiera cumplido veinte años. Lejos estaba ahora, demasiado. Contempló el portal del centro de rehabilitación con aviesa mirada. Como un gatillo a punto de soltarse, un frío reptil, sabía que no tardaría en salir el cínico conductor. En la esquina desierta y cómplice, la noche, mientras el sucio pavimento resplandecía. En menos de un segundo saltó sobre él. La hoja de la katana lo encaminó a un local próximo.

-¡Quién eres, qué demonios...!

-Sólo quiero enseñarte algo. Tardaré un poco. Se llama dolor.


miércoles, 30 de octubre de 2013

El cumpleaños

Hacía años que esperaba ese momento. El día del Equinoccio ella hubiera cumplido veinte años. Lejos estaba ahora, demasiado. Contempló el portal del centro de rehabilitación con aviesa mirada. Como un gatillo a punto de soltarse, un frío reptil, sabía que no tardaría en salir el cínico conductor. En la esquina desierta y cómplice, la noche, mientras el sucio pavimento resplandecía. En menos de un segundo saltó sobre él. La hoja de la katana lo encaminó a un local próximo.
-¡Quién eres, qué demonios...!
-Sólo quiero enseñarte algo. Tardaré un poco. Se llama dolor.



Fernando Gracia Ortuño
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viernes, 18 de octubre de 2013

La extraña perplejidad del hombre estulto

  

  Se lo había repetido muchas veces en el pasado, antes del advenimiento del Segundo Nazismo. Ahora que lo veía allí colgado grotescamente de aquellas barras metálicas y gritando, me preguntaba si le hubieran hablado entonces del hoy qué hubiera pasado, qué hubiera contestado. ¿Se lo hubiera podido imaginar siquiera su encumbrado egotismo? Se hubiera reído de nuevo. Sin embargo tanto el oficial nazi que está ahora fustigándolo de lo lindo, como él, allí gritando tanto que no sé siquiera si llega a hacerse una idea de quién es, conforman una realidad más que palpable desde hace mucho, mucho tiempo.
   El oficial es el mismo que en el pasado mi amigo había tratado en el puesto de trabajo como uno más, y al considerar sus canalladas y jueguecitos de aquél entonces, jamás se hubiera imaginado lo que una mente perversa sería capaz de hacer en cuanto tuviera la más mínima oportunidad. No se imaginaba, por ejemplo, que formaba ya parte del P.N.A.N, (Partido del Nuevo Advenimiento del Nazismo), y si se lo hubiera preguntado se hubiera estando mofando de mi una semana.  

   Por eso ahora el oficial del que hablamos, ("El niño", como cariñosamente le llamaba entonces, en los años dorados de la paz, el tonto de mi amigo, y todos los que siempre le veían viendo vídeos donde se masacraba a gente), que encarna en sí la voluntad popular de los anti recortes y demás promesas del oro y el moro, lo está torturando, porque jamás se hizo una idea clara de su esencia. La confianza en un mundo de equívocos no deja de ser un craso error. Cuando observas el comportamiento de la gente, si quieres aprendes, le decía, conminándolo a abrir los ojos, y cuando sobre todo te fijas en sus formas de entretenimiento, le dije un día, los conoces mejor. Este se ríe de las penalidades ajenas, es su mayor diversión, se lo pasa bomba cuando en un vídeo ve cómo están matando a alguien, entonces está en su salsa, como ahora, que te ha tocado a tí, y ni siquiera te das cuenta que es él, el mismo "niño" supuesto gamberro que te creíste, el muchacho aquél "sin ninguna maldad" que a todo el mundo tenía engatusado por sus "travesuras inocentes" no exentas de "cierta gracia".
El pícaro del niño, el travieso, el pillo que siempre hacía tropezar al compañero para descojonarse ipso facto ante su caída, delante de todo el mundo, ¿era para reírse, verdad?... ¡El prójimo...!

   Mira por dónde, ahora, a tu amiguito bromista lo han ascendido a Jefazo de la Gestapo, y por fin es feliz, y se siente realizado, y hace lo que siempre ha querido, pero... ¡No, no puede ser, no puede ser cierto...! Es a ti, justamente, a quien está torturando justamente ahora es a tí, sí... En lugar de ver vídeos de asesinatos de gentes lejanas y extrañas, ejerce la tortura practica contigo, sí, ahora, no, no grites, no es para tanto, es un niño juguetón y travieso que sólo tiene aficiones extrañas, pero qué extraña y cruel ironía... ¿Te duelen los latigazos del oficial nazi, tu amiguito travieso y pillo con extrañas aficiones? Las vueltas que da la vida, verdad, es curioso, sí, lo curioso del destino es que siempre te piensas que estas cosas sólo les pasan a los demás, y, no, pero sí..., siempre pensaste que a veces, no, siempre, sí, efectivamente, creíste saber que la estulticia era sinónimo de condena.
¡Ah, la ironía y la crueldad de las vueltas que da la vida, como siempre decías...!
 
 
Fernando Gracia Ortuño
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miércoles, 17 de julio de 2013

Un infierno en la tierra

   Ahora que estamos en época de vacaciones, que no te pille una compañía  aérea de ésas que cuando tienen over booking pasan de ti olímpicamente, y si te toca a ti, justamente, arguyendo algún falaz motivo administrativo o alguna tara en tu billete, -mentirosa-, te dejan tirado durante días, o semanas, e incluso meses, en algún aeropuerto perdido de la mano de Dios, al amparo del medio ambiente más hostil y depravado, mientras los avispados estafadores de turno, el vacío legal e incluso policial que te defiendiere, o los mendigos infaustos, o la simple  suciedad y la falta de recursos e higiene, el estar tirado, sin hogar, ni refugio más que el de las tarimas improvisadas, los bancos de cartón o la vida al socaire de lo más rudimentario, junto con las costumbres de los sin techo, se hacen fuertes, cebándose en ti y en tus derechos de agua de borrajas de billete comprado por Internet y sin muchas garantías.

   Ahora que tienes que emprender viajes largos en avión con múltiples escalas, con el dinero ahorrado de años, para tal vez poder ver a tus seres queridos, tanto tiempo añorados, que no te estafen compañías sin el menor escrúpulo que se pasan por el forro todos tus grandes sentimientos, sin la menor ética, ni moral, ni dignidad, ni vergüenza, bajo la bonita fachada de la mejor educación, esa que se supone es la más desarrollada y moderna, con muestras de la más excelsa cordialidad en sofisticadas máscaras de rubias y dulces azafatas “diez” con dicción súper pulida, armoniosa y estética, que luego, sin embargo, intentarán por todos los medios, con sus verborreas correctas y formales, llevarte al huerto de sus premisas establecidas para cuando estas grandes y excelsas y formidables compañías aéreas, te dejen tirado porque ellos tienen over booking, y bajo pretextos mentirosos te arrojarán como peor que un perro y sin agua en cualquier ciudad hostil y desconocida. Sin piedad, dejado en el olvido, tirado en el marasmo del vacío existencial, entre multitudes desconocidas sudorosas y sucias, que sin apenas recursos para salir al paso del atolladero en que se ha convertido sus bonitas vacaciones, maldicen la hora en que contrataron los servicios y compraron los billetes de estas soberbias e imponentes, “perfectas” y “eficientes” compañías aéreas, que con el fin de lucrar sus arcas han vendido más viajes de los existentes, para hacerte maldecir el haber nacido, esperando durante días o semanas, o tal vez meses, hasta que, según te indican a todas horas, “haya un vuelo disponible”, en las peores condiciones de tu vida en que recordarás la aventura de tus vacaciones como el peor de los infiernos en vida.

Ahora que vienen los largos viajes con escalas azarosas impredecibles, en que las familias se reúnen después de muchísimo tiempo, con alegría y con llanto, que no te pase el infierno en la tierra, ni a ti ni a tu familia. Que no te coja una de estas grandes y supuestas compañías que se hacen llamar “excelentes en sus servicios”, pero en realidad están repletas de inútiles desalmados.

Que no te cojan, ni a ti ni a tus seres queridos.



Fernando Gracia Ortuño

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