lunes, 31 de diciembre de 2012

Canon de belleza

La popularidad le llegó en el momento menos esperado. Fue en una entrevista, al apartarse la melena y enseñar una oreja desproporcionada. Se la tenía que recortar, se disculpó, pero era tarde, los orejas pequeñas eran mayoría en aquella tribu de aguerridos pigmeos caníbales.


Fernando Gracia Ortuño

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viernes, 28 de diciembre de 2012

La danza de los cuadrúpedos

  
   No cabe duda que misteriosos son los caminos del Señor... y del arte. Hay palabras que, por el sólo hecho de encabezar un título, auguran su posterior popularidad. Una de ellas es justamente el vocablo danza. Por ejemplo ¿quién no ha visto la impresionante película de Sidney Pollack "Danzad, danzad, malditos", en que en época de crisis espantosa unos concursantes bailan y bailan durante días, hasta la total extenuación? O por poner otro ejemplo, ¿quién no ha contemplado alguna vez las obras del período oscuro de Goya con el mismo título? ¿Quién no ha leído la formidable y divertidísima novela prehistórica "La danza del Tigre"? ¿O quién no ha escuchado alguna vez las canciones del grupo "La danza de los esqueletos"? O leído la estupenda novela "La danza de los malditos" de Miguel Abollado"? Hoy todo lo danzante está de moda, es más shic, y todo lo que con ello se relacionare, sobre todo enmarcado en el título, se puede asegurar sin titubeo alguno, que está destinado a causar cierta resonancia, sin ningún genero de dudas esto así. Pues queda demostrado por los hechos a nivel internacional.

 
   Si no vean el caso del baile del cuadrúpedo que ha popularizado el chino Hang con su grotesca Danza del Caballo. Ahora todo el mundo se ha puesto a contorsionarse desmadejadamente desde que se ha popularizado. Trillones y trillones de personas en todo el orbe están como locos bailando la danza del curdrúpedo. Es una de esas locuras generalizadas que seguramente precisarían de una explicación estadística sociológica. Las descargas en la red se han multiplicado a ritmo exponencial, batiendo todos los récords. La danza del cuadrúpedo está causando furor. Yotube está que echa humo. No hace falta ingeniárselas mucho, ya lo vemos, ni estar siquiera en forma, o moverse con demasiado estilo innato en las venas, ni siquiera es necesaria mucha habilidad para salir a la palestra e inventarse una danza del cuadrúpedo, y acabar así revolucionando las pistas de baile. Está demostrado que si a alguien se le ocurre hacer un poco el ganso y salir a la pista danzando como un cosaco la danza del cuadrúpedo, por el sólo hecho de hacer un poco el mamarracho en contorsiones grotescas difíciles de mirar, el mundo entero le contemplará. No lo dudéis ni un segundo. ¡A bailar...!



Fernando Gracia Ortuño

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sábado, 15 de diciembre de 2012

Presagio

Se imaginó un ejército de franquitos haciendo lo que se le antojaba, levantando la mano, gritando su nombre, bajo el pretexto del orden y la unificación. Un país, una lengua, como en los viejos tiempos de la Reconquista. A los sospechosos les llamarían "rojos", "moros" o simplemente "polacos.


Fernando Gracia Ortuño

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sábado, 8 de diciembre de 2012

Los otros

Mientras la población languidecía con escasos recursos, los almorceros desayunaban caviar con langosta. Luego, antes del almuerzo, se apostaban junto al televisor para ver los realitys en que gente anónima se despeñaba desde las alturas, haciendo parapente con sus chaquetas. Era su mayor diversión.


Fernando Gracia Ortuño

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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Carla, Lola, Martín, y el niño impertinente


  El hijo de Carla es vecino de escalera en esta inmensa y súper poblada urbe. Tiene sólo seis años, pero cada vez que ve a la portera de su finca, se pone de súbito a cantar la canción de Café Quijano: óyeme mi Lola, mi tierna Lola, mi triste vida es tu triste historia, pero qué manera de caminar, mira que soberbia en su mirar. Es algo extrañísimo, todo el mundo se da cuenta enseguida. Entonces Carla, sobrecogida por la transformación de la voz, lo coge en brazos, sumamente sorprendida, para callarlo. Aunque tuviera su gracia, cuando el puñetero se pone a cantar de esa manera el remate de la canción, ante el asombro de todos los presentes, llegamos al clímax del pasmo y el asombro generalizado: Es el tiempo de la arruga, que no perdona, es el tiempo de la fruta, y la pintura, que no perdona.



   Desde el mostrador de conserjería, Lola ni lo oye, o eso pretende hacernos creer, al girarse y pasar dentro de la portería, pues sabe que no es de esperar de un niño semejante ingenio y tanto mal deseo al prójimo, y, además, porque… ¡parece tan encantador! Para Lola la inocencia y la ternura no podrían reproducir la letra de la canción sino por la memoria y la pasión por la música de la inocente criatura. Sin embargo, Lola, al escucharla de boca de aquél niño juguetón, sin quererlo apenas, se remonta a sus años mozos, cuando comenzaba la carrera que la llevaría a conocer tantos hombres íntimamente en aquél barrio cochambroso. Claro, aquello es agua turbulenta, sobre todo pasada, que no se puede detener ahora a considerar mucho rato, mientras la pareja de madre e hijo suben en el arcaico a chirriante ascensor de más de cien años.
   Lola, la portera, se pone a pensar al cabo de unas horas. El tiempo ha pasado tan rápido. Y desde la visión del escalofriante niño la ha hecho meditar sobre el pasado. Por supuesto, está furiosa. Se detiene a meditar en lo ocurrido con Martín, cuando Carla lo pilló en la cama con otra. Lola piensa lo que tal vez jamás se le hubiera ocurrido a Carla en esas circunstancias. Pero sólo un momento, pues ahora que es mayor también se ha vuelto más moralizante, sobre todo con los asuntos de los demás. Y pensar en un trío le da cierta pereza. Además, ¡qué monstruoso, por dios…!
   Lo que pasa en estos casos, es que ahora la Carla le cae fatal, es joven, en plena efervescencia hormonal, o como lo quieran llamar, y la Lola ya va de camino al desguace sin ni siquiera poder asirse a un recambio de pago,  porque al verla los gigolós ponen pies en polvorosa, huyendo como posesos, corriendo que se las pelan sin apenas esperar a ver el dinero. ¡Pero mira que hay que ver lo caradura que es el Martín! ¡Y ella, qué golfa, qué impúdica, al aguantar sus engaños más flagrantes. Y no sólo eso, sino al continuar después con él, intentando por todos los medios solucionar el problema, seguir adelante con su amor, perpetuarlo con él a pesar de todo, ponerle remedio a la traición de esa manera tan indigna, perdonarlo! ¡Después de la espantosa visión! ¡Oh, Dios…! ¡Y con un niño en medio!
   Claro, a Lola, a su edad, ya todas estas cosas le parecen espantosas, odiosas, escandalosas. Ya no se acuerda de lo horripilante de la carrera de prostituta, cuando  empezaba, y los hombres de entonces, tan rudos siempre, ni siquiera daban las buenas tardes, iban directos a por faena, sin precalentamientos, sin delicadezas, sin nada. No sólo no usaban colonia, sino que en su sordidez se vanagloriaban a gritos, porque todavía no se lavaban como hoy, y lo veían de lo más normal. No, no había tanta higiene ni tanto control sobre los aspectos más recónditos y oscuros de la anatomía, y no sólo de la anatomía, sino de otras cosas mucho peore...
   La Lola, como ella fue prostituta durante tantos años hasta que encontró esta portería y pudo continuar viviendo del cuento, aferrándose con uñas y dientes a una paga, un techo y una vida social, lo ve todo desde la óptica más sórdida. Lo que pasa es que  ahora es una mujer respetable. ¡Dónde vas parar! Por eso cuando ve pasar a la que ella llama “La guarra del quinto primera!”  -“Ahí va la guarra del quinto, que ya llega la guarra, que viene, que baja, ahí viene la guarra, no, ahora que viene la guarra del quinto, a ver qué dice la guarra, que sube la guarra del quinto”-,  se acuerda del hecho sin falta: El Martín en la cama con otra, y la “guarra” del quinto, al verlo seguramente todo al detalle en plena orgía, encima se reconcilia con el sinvergonzón.
   Ah, Lola, Lola… La portera protestona, ex prostituta, que en el barrio pasa tan desapercibida ahora, como una de esas jardineras mustias y apagadas que se ven por las esquinas, una más, entre tanta gente, ay, Lola, Lola, nadie conocería hoy su oscuro pasado. En realidad se pone moralizante, dedicando sus ratos de ocio a juzgar a la bendita de la Carla, porque nunca la pudo tragar, porque ella, que de tanto amar a su novio, se desvanece por momentos, y sería capaz de perdonarle incluso el desliz, por tanto loco y enfermo amor que tiene en su corazón henchido de caridad, como diría Fernando de Rojas, en realidad ella, la Carla nunca ha podido sentir el amor como lo que la Lola supone que es, es decir, vicio. Puro vicio y lujuria insanos, y nada más.
   Todo lo más que ha conocido ésta, en efecto, son los sórdidos lechos de que ya quedó muy harta, y hoy tal vez echa a faltar alguna vez en una de esas noches mustias y solitarias en que le embarga el deseo, todavía, aunque en forma de tibio y lejano, evanescente amor. Por eso, cuando piensa en el niño, el impertinente, y en cómo demonios habrá podido saber lo que sabe, después de tantos años, si faltaban muchos todavía para que naciera, se da cuenta y esto la enerva y la excita tanto que le entran ganas de huir de pronto: ¿Casualidad, videncia de jardín de infancia, poderes sobrenaturales, sextos sentidos?  Hijo del demonio, de Martin. Tal vez, tal vez… Todo concuerda en el misterio del mal, el insondable demonio siempre presente, haciendo de las suyas, como decía su madre, que en paz descanse. Pero Lola ha tomado una decisión. Cuando los vea aparecer por la puerta, se meterá adentro en la portería, hasta que pasen, así no escuchará al horrible niño. Nunca más, nunca más.
   El caso es que un día Carla, por mera curiosidad, cuando ya Lola llevaba varios años en el otro mundo, le preguntó a su hijo por qué cuando veía aparecer a Lola por aquél entonces detrás del mostrador de la entrada, siempre, indefectiblemente se ponía a cantar esa canción odiosa de Café Quijano. Y por qué encima lo hacía tan rumbosamente, que no parecía siquiera él, un simple niño. Era algo que no podía comprender, pero pensó que tal vez Juliancito le podría decir ahora, después de tantos años, la razón. Incluso le amenazó con llevarlo de nuevo al psicólogo para niños. Y Juliancito entonces, para su asombro, casi le provoca un ataque a su madre en ese momento, al contestarle de súbito, con aire misterioso y tranquilo:
   -Es que a veces veo…
   -¡Qué es lo que ves, maldito niño, te voy a…!
   -Furcias…
   -¡Te voy a dar…! ¡Toma, toma y toma! ¡Te lo has ganado! ¡Tú lo que eres es un sinvergüenza!
   En ese momento Carla se enfadó muchísimo, y le dio varias bofetadas a su hijo, sin poder contenerse. Estaba hablando de mujeres, estaba hablando de ella, como mujer que era. Entonces lo comprendió. Además le amenazó y le dijo que lo llevaría al psicólogo otra vez, y que eso no lo volvería a hacer nunca más. No lo podía comprender, pues ni Martín se parecía a Bruce Willis ni el niño debería jamás haber hablado de aquél modo misterioso y contenido, como si estuviera poseído por Satanás, como la niña del Exorcista. Además, ¿qué tendría cuando era tan pequeñín contras las pobres mujeres que se veían obligadas a ejercer la prostitución? ¿O es que a lo mejor Juliancito no hablaba por boca de un niño por aquél entonces, sino a través de alguien oculto bajo su frágil apariencia? Alguien muy relacionado
   Tal vez un día el niño se lo explicaría. Ya era bastante grande, no de tamaño, pero sí de edad. De momento Carla sobrellevaba como podía su problema con Martín, pero lo que estaba cada vez más claro para ella era que desde que la voz del niño comenzó un día a  transustanciarse y hablar de aquél modo delante de la portera, Lola lo comenzó a mirar raramente al pequeño Juliancito. Se quedaba muy callada cuando lo veía aparecer del brazo de su madre, y, sobrecogida, muchas veces argumentaba cualquier excusa para irse de allí. Lo hacía siempre, indefectiblemente. Decía que iba a fregar la escalera corriendo, que no le daba tiempo, que se había olvidado del pan, que no había comprado la lejía, y bueno, un sinfín de excusas y pretextos con tal de escaquearse de su puesto de trabajo y no ver ni escuchar al pobre niñito. Y en fin, en resumidas cuentas, el caso es que por hache o por be, ya no volvió  a mencionar a otras cotillas el tema de Martín y de los cuernos. Hasta que un buen día la Lola desapareció de la portería, y del mundo para siempre. Ni por delante ni a sus espaldas aquella historia se volvió a mencionar, ni la de la propia Lola tampoco, claro…


Fernando Gracia Ortuño

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jueves, 15 de noviembre de 2012

Hipocondríaco

   Dice el médico que soy hipocondríaco. ¡Qué sabrá él! Lo que pasa es que estoy enfermo del corazón, yo lo sé mejor que nadie este hecho. ¿Así que qué sabrán los psicólogos de cardiología? ¿Eh? ¡Díganmelo! Recuerdo que a los diez y ocho años me dio un mareo por la autopista, con el calor que hacía, y lo supe desde ese preciso momento. Uno siempre es su mejor médico, como decía mi padre. Italia acababa de ganar el mundial, y yo iba saludando los coches por la autopista cuando hacían sonar sus cláxones al pasar junto a mí, pero ninguno paraba para recogerme. Fue como hacer la mili. Pero al final llegué a mi destino, a Málaga, a más de mil kilómetros de distancia.
   Hace tantos años de todo aquello. Ahora sé que en cualquier momento me puede volver a dar aquél mareo inicial de mi enfermedad. Aunque no sea del corazón propiamente, este colesterol tiene también sus colapsos mentales en forma de ictus que sé que en cualquier momento también me puede dar. Pero lo peor son las enfermedades respiratorias. Por eso no salgo de casa y he perdido el trabajo. A lo mejor es una tontería, pero más vale prevenir que curar.
   Estoy en estos precisos momentos tratando de levantarme del lavabo, me está dando otro ataque, lo sé, puedo predecir los síntomas. No sé si es un ictus o un ataque al corazón, pero estoy siendo paralizado por un colapso producido en los vasos sanguíneos y moriré en breve, sin acabar de recitar mi poema favorito de Bukowsky. Pero me han dicho que es un buen truco, recitar, recitar, hasta el fin, es la única manera de pararlo, por dios: “La carne cubre el hueso y dentro le ponen un cerebro, y a veces un alma”. No puedo seguir recitándolo. Me quisiera levantar, pero voy a morir ahora, lo sé, poner música dance, una discoteca, eso quisiera antes de…, y por favor, que no venga mi novia y me encuentre en el lavabo así…, me subiré los pantalones, tengo que hacerlo tengo que conseguirlo, por dios, es lo único que le pido a esta muerte que se acerca, antes de sea… pero ya oigo el timbre, no, es ella: ¡nooo! A pesar de todo, sigo vivo, ahora encima se está cachondeando de mí, ya se me ha pasado, y ella sigue allí en el sofá, hojeando su revista “Hola” del año 82, justo cuando el mundial. ¡Qué casualidad!

Fernando Gracia Ortuño

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lunes, 29 de octubre de 2012

Discreción

Siempre la misma historia: La chismosa del tabique acababa contándolo a su amiga en el trabajo. Los vítores, las guasas... "¡Venga, campeón...!" Los aplausos, y ellas, encandiladas bobamente...


Fernando Gracia Ortuño


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lunes, 22 de octubre de 2012

Pirómano

Al entrar en la tienda comprendió que no soportaba el tabaco. ¿Por qué hacían tanta cola para ahumarse? Ël sólo quería un mechero, que representaba una catarsis.
En la celda sólo tenía un jergón. Alguien olvidó una cerilla. Una carcajada resonó en la noche, por última vez.
Fernando Gracia Ortuño
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Maquillaje

En el mugriento vagón cabían más de mil personas apelotonadas, sin apenas espacio para respirar. El olor, el calor y la incomodidad se hacían insoportables. Aún así, la chica pidió bajar para arreglarse las uñas y maquillarse los ojos.



Fernando Gracia Ortuño

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domingo, 21 de octubre de 2012

Esclavitud

La primera ministra sonrió friamente. Pensaba con ironía que ahora tenía a sus pies a aquellos mismos países que un día derrotaron al suyo en las dos últimas guerras. Los pueblos deportados a los grandes campos, supuestamente de razas inferiores, habían demostrado no saber Macro Economía financiera.
 
 
Fernando Gracia Ortuño
 
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jueves, 18 de octubre de 2012

Pensamientos escritos

Se alborozó. Ahora les había dado por entrevistarlos. Por toda la sala sus sonidos guturales desarticulados. Las muecas y gruñidos entretienen a los televidentes. No puede contestar, sólo gime: ¡Yeahhhowwuuuuoooojooouuuu tu puuuu. ta mmm mm... madree..!
En realidad no se siente un mongoespástico, como pretenden, sino mejor que antes.
 
 
 
Fernando Gracia Ortuño
 
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lunes, 15 de octubre de 2012

Reconversión

Fue comiéndose una mazorca que el anciano tuvo el colapso. Su nieto lo sacaba de sus casillas, siempre incordiando. La rabia se iba desgranando en ira, acumulándose. Hacía que su propio cuerpo se autoregulara, regenerando las células cardíacas muertas, recomponiendo las vetustas arterias, cromando su piel androide de níquel.
 
 
Fernando Gracia Ortuño
 
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domingo, 14 de octubre de 2012

Existencialista

Babe contemplaba las llamas en la gasolinera, extasiado. Desde la empalizada, cantaba ¡Navidad, Navidad!. Rambo se le acercó sollozando ¡Mira lo que me han hecho! ¡Ya no siento las piernas! Subitamente, sin darse cuenta, su paño de lágrimas se convirtió en merienda, a la parrilla.


Fernando Gracia Ortuño

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sábado, 13 de octubre de 2012

Españolizar

Me preocupa esta expresión. En Cataluña por lo visto se ha liado una buena con las implícitas alusiones a la cultura catalana y española del diputado. Si hubiera que españolizar Cataluña, desde el punto de vista cultural, la cuestión suena muy mal, porque una cultura de cientos de años, la catalana, que no está estructurada sólo en la lengua, no se españoliza de un día para otro, y no es nada fácil españolizarla así como así, desde ahora en adelante el término dará mucho que hablar, como si al llegar a la legislatura ahora los del gobierno pretendiesen meter la cuña a fin de favorecer la españolización, dando prioridades y comenzando con el idioma para acabar españolizándolo todo, prohibir el catalán en las escuelas, reinstaurar las corridas, el botijo, las boinas campestres, los chotis en las plazas y demás elementos ya españolizados y vigentes de la cultura.
No es que pretenta meter cizaña contra lo que es Cataluña o España en estos momentos. Pero suena fatal, el término, me refiero, como arrogante, como decir, o imponer, o pretender, de ahora en adelante: ¡Pues ahora os vamos a españolizar! ¡Os fastidiais! ¡Qué os habéis creído!... No, no..., muy mal, eh... Sí, sí, todo y estar Cataluña dentro del estado español, desde el punto de vista burocrático, administrativo, económico y sobre todo fiscal y legal.
Se cuenta, a modo de anécdota, que por los barrios de Barcelona hace unos días un niño le contestó muy mal a un profesor de castellano en Cataluña, diciéndole cosas muy fuertes muy acerca de algo parecido a que españolizara a su p... y, en fin, bueno, por lo visto se lio la de San Quintín... Los profesores ya españolizados la emprendieron a golpes con el niño y su familia, los catalanistas de izquierdas con los profesores, a los que llamaron charnegos, esquirols, y no sé qué más...
En el patio hubo tortas, cócteles molotovs, guerra improvisada de guerrillas, mamporros, empujones, botellazas, total, que pareció una película surrealista, y todo, todo, por la españolización supuesta del señor ministro... En fin, que al final la questión de la españolización de Cataluña, por lo menos en este barrio, acabó como el rosario de la Aurora...

Fernando Gracia Ortuño

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viernes, 12 de octubre de 2012

Sortilegio

Pensó que el amor sería el sortilegio infalible para aquellos cuyas verdaderas pulsiones desconocía, hasta que una tarde de abril, como pudiera bien ser de noviembre, le abrieron su corazón, oculto en las tinieblas más recónditas del infernal antro rocoso, y podrido, sangrante, de un zombie.


Fernando Gracia Ortuño

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Operación

Desde que se puso los guantes por primera vez, había operado impersonalmente. Pero ante el corazón aquél palpitante, la gravedad de la existencia le evocaba tantos recuerdos que potenció al mil por cien sus facultades mentales.

Fernando Gracia Ortuño

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miércoles, 10 de octubre de 2012

U2

El piloto descendió del caza bombardero. Se fue a desayunar a la cafetería de madrugada, la brisa refrescaba sus mejillas. Al ver al niño con su avioncito hacia la escuela, pensó: ¡Acabo de cargarme quinientos mil...! Y la voz de la mañana por la radio le sonrojó levemente.


Fernando Gracia Ortuño

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martes, 9 de octubre de 2012

Contrapartida

Aquella fue la peor manera de morir. La condena obligó al jurado popular a infligirle el daño que había causado a sus víctimas. Sus gritos por todo lo que había causado, aún siendo el justo castigo, inundaron la ciudad desde el cadalso, causando auténticos escalofríos, oyéndose desde la ciudad vecina.
 
 
Fernando Gracia Ortuño
 
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lunes, 8 de octubre de 2012

Tomar conciencia

La ventana lo era todo para ella. Cualquier pensamiento convergía necesariamente allí. La experiencia nocturna tornábase una obsesión. Eran esos canalillos escrutados a media altura, esas pechugueras bamboleantes, esas hondonadas ocultas de los prismáticos lo que la convencieron que debía cambiar, o por lo menos implantarse un órgano artificial
 
 
Fernando Gracia Ortuño
 
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domingo, 7 de octubre de 2012

Lunera

 
Cuando la joven encontró a los verdugos, gritó sin control, dominada por la ira. La voz oculta entre la espesura pudo pronunciar las palabras que oscilaban teñidas de titilante oscuridad:
-¡Tranquilos, engendros viscosos, pronto cualquier cebo os parecerá un alivio dónde se sumerja el anzuelo de vuestras proezas.
 
 
Fernando Gracia Ortuño
 
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sábado, 6 de octubre de 2012

Reincidente

Todo lo que había sido estaba ahora expuesto allí, a la vista del que pasara. Ya no podía ocultarse bajo velos tupidos, torpes, y de sus ruindades, en esa cruz, desnudo y con las funciones vitales a la vista de todos, no quedaban más que súplicas y quejidos lastimeros.


Fernando Gracia Ortuño

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viernes, 5 de octubre de 2012

El trullo

Pensó que como estaban tan evolucionados en derechos, forzosamente viviría mejor allí. Televisión, ordenador, comida de lujo, móvil, comodidades, estudios... Lo malo... que le pusieron en la celda junto con esa especie de verraco embrutecido, jugador de cartas, que cuando salía el cinco sonreía maliciosamente, guiñandole un ojo...
 
 
Fernando Gracia Ortuño
 
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jueves, 4 de octubre de 2012

Mentira

El escultor acabó su trabajo prestamente. Se había propuesto plasmar la esencia de la belleza. Entre martilleantes formas sonoras, llevado por la inspiración, el frenesí del buril creo mil formas extrañas, estrellándose en la plaza de abajo sus criaturas, junto a la ambulancia que llegaba.
 
 
Fernando Gracia Ortuño
 
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viernes, 21 de septiembre de 2012

Mishima, autor genial

El libro se llama "Mishima, o el placer de morir", de Juan Antonio Vallejo-Nágera. Es una biograffía muy completa, un libro apasionante, además de una crítica literaria a sus textos, y de una explicación psicopatológicaa del genial autor japonés, que acabó haciéndose el hara kiri.

Uno no puede dejar de sumergirse en un texto de una vida marcada por el rechazo y los estrictos límites del convencionalismo de la cultura japonesa. A pesar de su individualismo, su narcisista actitud provocadora posterior, Mishima acabó haciendo suya la cultura que le ahogaba, aferrándose a esos convencionalismo, a esas tradiciones que le habían ahogado de pequeño, convirtiéndolo en un ser solitario y marginado por su precocidad genial, su sensibilidad y su talento inconmensurable.





Fernando Gracia Ortuño

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