Todo lo mejor de la vida sucedía en las casas, pensó el criminal convicto. No en la cárcel. El amor, el sexo, la violencia, y muchas más cosas que lo abstrayeron hasta parecer un buda nirvánico
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
domingo, 8 de julio de 2012
Física orgánica
La mujer encendió el televisor. Al ver las noticias comentó a su acompañante:
-¡Mira, ya han descubierto el bosón de Higgs!
-¡Ya era hora! -comentó el otro-. Las mujeres de este país llevan sin pasar un buen rato por lo menos ochenta años.
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
sábado, 7 de julio de 2012
Consejo
Tienes que ser tú mismo, rezaba el eslogan publicitario de la gasolinera. Pero cuando cogió el lanzallamas para arrasar el pequeño pueblo de montaña, Rambo no sabía exactamente si era él mismo, o bien el personaje creado por una mente siniestra.
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
viernes, 6 de julio de 2012
Olfativa
Lo suyo era una ceguera muy especial. Se conducía por olor, instintivamente. En sus pensamientos y acciones primaba más el olfato. Ése prodigio sobrenatural era su principal cualidad. Por eso, después de mil zoombies, dio con el más adecuado compañero para ella: el perfumado Bitelchús
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
jueves, 5 de julio de 2012
Metamorfosis
La grave sacerdotisa inició el vuelo negro de su monserga de agujas y trapos. La arpía que la contrató quería perjudicar al vecino. Pero, al visionarlo, espantada, se apartó corriendo en un vade retro frenético, topándose fatalmente con la inmensa cucaracha que, pataleando a su lado, acabó engulléndola.
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
miércoles, 4 de julio de 2012
Indiscreto
A cambio le daba un pato de goma. Luego no cesaba en su afán para que le enseñara lo que celosamente ocultaba bajo la blusa al administrarle la pastilla. En la sala de aquél moribundo, viendo sus exuberancias en el espejo, harta ya, en ése instante acabó con aquello.
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
sábado, 30 de junio de 2012
Fumador compulsivo
Por aquél entonces era imposible respirar en aquél ambiente enrarecido. Si no tenía 25 o 30 cigarrillos en la boca no tenía ninguno. Era su labor un chupar indómito, incansable, como si en ello le fuera la vida. Parecía una locomotora expulsando humo y haciendo chu chu. Todos los pitillos los fumaba al mismo tiempo, casi de una sola tangada. Era todo un espectáculo digno de verse. Todavía hoy, al cabo de muchos años, no me explico cómo era capaz de hacerlo, es decir: fumárselos sincronizando las caladas respectivas tan bien, y acabando los 25 o 30 cigarros simultáneamente.
Un día, huyendo de allí a todo correr, para no ahogarme, medio asfixiado y a punto de perder el conocimiento, le pregunté:
-¿Por qué lo haces? Estás enganchado, ¿no te das cuenta? Esas compañías meten un montón de química adictiva cancerígena en toda esa mierda...
-¿Sabes por qué lo hago? -me contestó retoricamente- Porque está prohibido, ¡sí!, ¡porque está prohibido, sólo por eso! ¡Y porque me da la gana!
-Bueno, bueno, no te pongas así -le dije por aquél entonces-. Cada uno es libre. Deberían poner fumotecas con infinidad de cigarrillos de todas las marcas y colores, puestos en estanterías, y que cada uno fuera allí como el que va a la biblioteca a leer.
-Sí, y además no prohibir tanto, que luego no sale a cuenta, mira yo como estoy, que a la que subo una escalera me tengo que parar cada dos escalones para tomar aire, y aprovechar para tomarme un cartón de cigarrillos...
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
Desconectar
Luego le digo a mi compañero, que
mejor no discutamos en este bar. Al instante se levanta y aprovecha para irse
al lavabo. Esperaremos un poco más a que se anime la noche, me digo. Es el BV80
y estoy harto de tanto gritar para sobreponerme al sonido de la música. Las
cuerdas vocales necesitan un buen trago. Me pido otro cubata y sin querer me
abismo en la música que me gusta, en ese pozo de siempre de mis pensamientos,
como hago cuando algo importante me preocupa. Esa mirada involuntariamente
feroz del tipo éste, el Ed, aparece primero, y luego toda la bronca en el
trabajo desfila ante mí segundo a segundo, con una memoria del detalle que ya
quisiera para sí muchos historiadores. Me siento impotente de no haber podido
convencer a mi compañero, y el cabrón me hay traicionado frente al jefe, con
toda la desfachatez del universo. Es un hijo de la grandísima. Me pregunto qué
habría hecho Ed en esa misma situación. Se lo hubiera fundido, seguro, delante
del jefe lo hubiera machacado, lo hubiera reducido a la nada. Pero yo, que soy
además un calzonazos en la casa, no puedo ni siquiera regir mi vida laboral
decentemente. Todo el mundo me toma el pelo, ser ríe de mí hasta el apuntador y
el novato de turno recién llegado a la fábrica me toma el pelo, como se chancea
uno del aprendiz que no sabe nada todavía y ya se ha fijado en tu inseguridad.
Pero Ed seguramente hubiera sabido
reaccionar bien, hubiera plantado cara y luchado como un león para dejar las
cosas en su sitio. No, claro, no se hubieran salido con la suya el jefe y este
individuo. Junto con los demás compañeros, ahora quieren convencerme de que
deje las cosas como están en la fábrica, y que cada cual contemple la guerra
según le va. Pero no es tan fácil una cosa así. Ha llegado demasiado
lejos. La música sigue sonando, pero
todavía no me consuela ni un ápice. Estoy contrariado, y el recuerdo de Ed se
remonta a mi infancia. Traído por las brumas del pasado, aparece el padre de mi
amigo de pronto en la memoria, con su halo de leyenda metálica. Ed comparte con
él los mismos rasgos. Representa la personalidad acendrada, hermética y severa
del que nada teme. Con su solemne carácter contenido, recuerdo lo que mi mejor
amigo me contaba de su padre, las hazañas dirimidas con el camión, las hostias
con la gente en discusiones de tráfico legendarias donde siempre ganaba él, y
esa chocante sensación de su sola mirada intrépida, analizando el escenario
concreto antes de actuar, como una fiera que calcula la distancia que le separa
de su presa y el punto exacto para desplegar el ataque
Estoy convencido que Ed nunca se
hubiera dejado torear de esa manera, me digo mientras llega mi compañero con un
cubata en la mano, sonriendo victorioso porque ha visto unas titis bailando con
miradas tentadoras en la pista de baile. Tengo que aprender a desconectar del
trabajo, me vuelvo a decir por enésima vez. Lo que ha pasado es una tontería,
me repito. Me levanto sin decir palabra y me dirijo a la pista. Quiero ser como
tú, Ed, atraerlas como imán igual que haces tú, brillar implacablemente así
cual tú haces, sin darte cuenta… Sí, amigo, voy a ensayar esa mirada intrépida
frente a una de estas bellezas danzantes, y después al fin podré desconectar de
una puñetera vez de todo el infierno que me ahoga. Ahora tengo que ser
francotirador, Ed. Sí, claro, no hay más remedio… Y localizar inmediatamente a
la más potente de entre todas las titis que ahora bailan como diosas terrenales
sobre la pista de color. Si no nunca podré desconectar.
Copyright
domingo, 24 de junio de 2012
Empatía mortal
Los pequeños detalles se fueron sumando y creciendo en la masa informe, que haciendo blu blu se iba formando y ensalzaba, con su desarrollo exponencial irreversible, un acervo viscoso con textura de engrudo horripilante. Cuando la cosa asumió dimensiones humanas, el Alquimista abrió los ojos como platos, y se asustó tanto, que del orgullo de lo que habría creado, sólo le quedaba un rescoldo molesto de pavor en la memoria. Fue en el instante en que descubrió que le quedaban segundos para librarse de aquéllas manos, que simultaneamente le agarrotaban el cuello hasta asfixiarlo, cuando descubrió en la mirada de aquella monstruosa criatura una sonrisa de extraño e irracional regocijo. Tan ancestral y atávica era esa sonrisa odiosa, como horripilante. Pensó ironicamente tantas cosas. La última que se le ocurrió le hizo sonreír, también, en extraña analogía empática, junto con la criatura tan espantosa que él mismo había creado, para más inri.
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
miércoles, 20 de junio de 2012
Noche Brumosa
Negra curiosidad siguen tus pasos, cuando de pronto te giras y allí estoy yo, sonriendo. Encandilada, te embauca la oscura capa, satinada en púrpura, pero cuando arrebato el misterio de tu levedad, sobrevolando la metrópoli, pierdes el sentido. No tanto como después en la guarida.
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
miércoles, 6 de junio de 2012
Culturalidad
Cada día amanecía en un país diferente, por su trabajo. Como no sabía todas las leyes, no se imaginaba si por hacer algo lo podrían fusilar en cualquier momento. Vagó por la ciudad. Se le ocurrió entrar en un salón, tomar un caramelito de anís. Fue su perdición
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
sábado, 2 de junio de 2012
Legado
La muerte vendrá a refrendar el bagaje de todo lo vivido en el constante esfuerzo deleitoso... Descansar, morir, como le dijo Cervantes, era lo mejor. Lo que hoy es ardua lucha, pasión de vida, mañana y siempre serás tú en el tiempo.
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
viernes, 1 de junio de 2012
El tiempo
Me gusta cuando tu lozanía se ablanda en el asiento, y apartas con desdén la mirada del joven en el metro. O cuando de tu frente huye el reflejo de lo que fuiste. Te veo pasar, asustado, y de pronto aparece ante mí una arpía poseedora de tormentos.
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
martes, 29 de mayo de 2012
Cabeza
Los caballeros quedaron plantados uno frente al otro. Tras la feroz batalla, había tantos cadáveres en derredor que los lances estorbaban la pureza de la técnica. Uno de ellos se fijó en que el otro tenía la cabeza demasiado grande en proporción. Rio y murió de un ataque cardíaco
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
A diario
Lo peor no era que se zampara los entrecots. Ni que tirara la guarnición a la basura, por si acaso lo pillaban. Tampoco que colara el caldo, dejándo sólo los huesos. Lo peor venía cuando durante horas imitaba con voz amanerada la canción de los Pecos.
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
domingo, 27 de mayo de 2012
Franco vive
Franco vive
Ahora trabaja de mujer barbuda en un circo, junto a la mujer cañón, pero cuando era joven y lozana, con el pelo cortado a orinal, le gustaban tanto las faldas como hacerle la vida imposible a los niños, que, para cachondearse, la llamaban sor "Frankenstein"
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
sábado, 19 de mayo de 2012
Falso reflejo
-¡Ah, el amor, el amor...! -exclamó el cautivo, sin saber lo que decía-. ¡Si no va acompañado de hechos que lo manifiesten, y uno está rodeado de truhanes, es sólo reflejo de vanas palabras...!
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
viernes, 18 de mayo de 2012
Nexu-didáctics6
"Katea-dor7", el nuevo artilugio del "Plan Exodus" de la compañía "Emigra Corporation" contestaba a las preguntas del periodista sin sospechar que se trataba de un didáctic-6 disfrazado.
-Cateo Cibernético Oficial... -fuerons sus últimas reiteraciones antes de ser fundido en el desguace cósmico
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
jueves, 17 de mayo de 2012
Representación
La maestra abrió el examen del niño extranjero, sin creerlo, y con acento bretón, sin comprender, le preguntó:
-¿De verdad que lo que representa a tu país...?
-¡Mi padre dice que no es el jamón, ni los toreros, ni la paella...!
-¿Chourissos? ¿Embutidou?
-¡Pero no es embutido!
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
miércoles, 16 de mayo de 2012
Corazón contento
La operación había sido un éxito. Las carreras a
ultranza de médicos y enfermeras, el estrés desbocado, habían estado a punto de
perderlo varias veces, mientras soñaba con Blancanieves
-¡Explota explota mi co, explota explota mi corazón!
–rompió exultante delante de la mirada atónita del equipo médico
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
martes, 15 de mayo de 2012
Retorno de lo mismo
Gilberto Ramplón, cuyo solo apellido y nombre ya
bastantes dolores de cabeza le habían causado hasta la fecha, se acercó
taimadamente, con mirar huraño e inquisitivo, a la mesa de trabajo número dos.
Llevaba tantos años trabajando en la empresa que enseguida se olía los malos
rollos. Sabía que su ayudante se estaba choteando por lo vagini en cuanto le
vio. De qué, era un misterio, pero daba igual, ¡se estaba choteando delante de
sus propias barbas!, y eso era suficiente para llamarle la atención bajo
cualquier nimio pretexto que enseguida encontraría.
Efectivamente, lo encontró nada más mirar la mesa del ayudante y descubrir
que no colocaba bien el material en las cajas prefabricadas. De malos modos, y
tratándolo como a un principiante negligente, comenzó a reprenderle sádicamente
como cuando a él de aprendiz le reprendían, atosigándolo hasta la exhasperación.
Recordó fugazmente todas aquellas escenas de crueldad, y usándolas ahora como
armas, acabó humillando al ayudante delante de los demás compañeros. Tal como
habían hecho con él, exactamente con el mismo modus operandi.
Para sentirse mejor, sí, por si cuando llegaba se hubieran estado riendo
de él a sus espaldas, de su nombre, y lo que es peor, de su mote, que sólo los
eventuales, que duraban cuatro días, se atrevían a vociferar a todo reír,
a mandíbula batiente, con escarnio y para callado regocijo generalizado.
Sabía que lo tenía en el punto de mira desde el mismo momento en que un día,
hacía años, le contestó de tú a tú, como si los desmanes y tropelías y malos
modos, como si las groserías y los insultos que le propinara tuvieran una
respuesta no acorde con su posición de “novato”, y por el contrario se atreviera
a rechistarle por encima de su amor propio, como un igual más, y no un
inexperto, que es lo que pensaba Ramplón, también llamado “El derriba palés” por
la mayoría de los trabajadores del centro comercial.
-¡Que eso no se coloca así! -le espetó de súbito a su ayudante, para ver
si con los malos modos se revelaba y por un casual le contestaba mal, con el fin
secreto de tener motivos para hacerle un parte de mal comportamiento a los
superiores.
-¡Siempre se han colocado las cajas de esta manera, parece mentira que no
lo sepas a estas alturas! -gritó con todo el desprecio que pudo reunir en su voz
intrigante y cascada por muchos lustros de cazallas y carajillos, a primera hora
de la mañana, en el viejo bar de su barrio.
-Sí, tiene razón, disculpe, ahora lo haré mejor… -le contestó el ayudante,
mientras colocaba el material dentro de las cajas tal como “El derriba palés”,
le había dicho-. Por cierto, tenga cuidado con el palé que tiene aquí al lado,
señor, no vaya a derribarlo sin querer, y tengamos un contratiempo.
Por un segundo, mientras el ayudande esbozaba una sonrisa escéptica y
triste, ”El derriba palés” lo miró a los ojos, sin comprender, y se acordó de
cuando era un novato y todo el mundo se reía cuando derribaba los palés con el
toro elevador, mientras sus jefes, como él mismo estaba haciendo en esos
momentos, lo reprendían injustamente, sin compasión, fríos y con clara y
calculada crueldad… Pero enseguida su idea en el recuerdo lejano cambió de
rumbo, enfrascado como estaba en hundir a su rival sin la más mínima
compasión.
Fernando Gracia Ortuño
lunes, 14 de mayo de 2012
Presentación del libro "Y digo yo"
El próximo día 25 de Mayo a las siete de la tarde, cerca de la Plaza Ibiza,
en la biblioteca Horta-Can Mariner tendrá lugar la presentación, donde también
se podrán comprar ejemplares del libro.
domingo, 13 de mayo de 2012
Terror incierto
Me acabo de despertar. Apenas recuerdo cómo he llegado a este estado actual, ni desde dónde. Sólo compruebo que está todo oscuro. ¿Pero dónde estoy? ¿Por qué estoy aquí y no veo nada y el silencio resulta tan abrumador? Es alarmante no saber dónde estás, ni nada de lo que has hecho durante el día antes para llegar aquí. Despertar en la nada oscura y absoluta Está todo inundado por la tiniebla, y no sé cuánto llevaré aquí, ni el tiempo que he estado inconsciente. No se puede ver nada. Parece que ha pasado un siglo desde la última vez que desperté. ¿Dónde estaba entonces? En todo caso éste no es mi lugar.
Pues estoy sorprendido al comprobar que todo apunta a que la situación comienza a desbordarse desde la nada. Y que está fuera de control por el miedo que comienza a inundar mi estado de ánimo paulatina e inexorablemente. No me acabo creer esta situación, ni de situar al cabo de varios intentos para encender la luz. Palpando el suelo, que es lo único tangible, la sala parece infinita, fría. Me pregunto infinidad de cuestiones, todas sin utilidad en estos momentos. Estoy convencido que podría estar gateando una, dos, o incluso tres horas sin encontrar interruptor alguno. Ni soñando hay luz aquí, pienso, ni ventanas. Por lo visto se trata de un cuarto oscuro inmenso, quién sabe en qué rincón del planeta, ni qué país o continente.
Me incorporo, al cabo de unos instantes de indecisión, todavía perplejo, al darme cuenta de la situación tan inaudita, y al instante me golpeo contra algo indefinido que muy bien pudiera tratarse de un postigo, el cual me hace caer. Aturdido y desorientado por el testarazo, me levanto de nuevo, espantado. Las pulsaciones se me han acelerado también debido al enojo repentino. Trato de hacerme con la situación. Pero, para mi asombro, a la altura de un supuesto techo o alacena, vislumbro de pronto dos puntos rojos incandescentes que parpadean alarmantemente a escasos metros de mí. Mi corazón se desboca al instante en el avieso fulgor de esos ojos rutilantes. Sin poderlo controlar, horrorizado por semejante presencia insospechada, me quedo paralizado, tratando infructuosamente de recapacitar primero, pero retrocediendo después fatalmente, arrastrándome frenético por el suelo
No puedo quedarme quieto en el frío pavimento, y sudando a mares, sin aire apenas en los pulmones, decido seguir arrastrándome lo más posible hacia atrás. De pronto el dolor de huesos se hace insoportable, y me levanto, decido caminar pese a todo, y al palpar tenuemente una pared imaginaria, procurando mantener el control y situándome frente al supuesto postigo, los ojos reaparecen y es espantos, horripilante Descubro de repente que me están mirando fijamente, sin solución de continuidad, quedándose con todo detalle y siguiéndome allá donde me arrastro poseído por el horror. Como si esas ascuas tan pavorosas fueran humanas, después de todo, pensaran, planearan, y sobre todo observaran mis movimientos más nimios.
Me siento por ello todavía más paralizado, cada vez más Me levanto. Y en un último intento por huir, vuelvo a caer, y me arrastro frenéticamente. Todo es infructuoso. He caído de espaldas por enésima vez, me tropiezo, vuelvo a caer, y me levando de nuevo. Entonces me doy cuenta, casi desmayado y sin resuello, que hay unas deslizantes formas indefinibles al lado mío, agitándose sinuosamente en la oscuridad. Al percibir algunas en la penumbra espesa y rojiza del cuartucho, no puedo por menos que proferir un agudo y potentísimo grito aterrorizado que retumba en la noche, formando en su propagación ecos sucesivos en lo que parece un espacio invisible y remoto.
Con cautela, procuro acercarme a esas formas misteriosas en movimiento, intentando cerrar el postigo en mi avance. No hay un ruido siquiera. Cuando logro ponerme de nuevo de pie descubro horrorizado que a mi lado, pegados a mí, refulgen sinuosamente, como dos ascuas ardientes, los ojos ígneos que estaba buscando, que parecen haberse adelantado a mis intenciones. Con el mayor sigilo y sumo cuidado, giro mi cabeza hacia la izquierda, y atenazado por mis más profundos temores, mientras me observan y escrutan pavorosamente desde el costado los ojos del horror más espantoso, me doy plena cuenta que. la tensión que me abate me está agarrotando por completo, impidiendo cualquier vía de escape, y disminuyendo mis fuerzas hasta la inanidad más absoluta.
Ahora ya no se trata de respirar, pues no lo hago, sino que apenas esbozo algún movimiento mientras descubro la perdición más ineluctable. Ni mucho menos tratar de continuar imperceptible para la bestia inhumana que permanece inmutable a mi lado. Sé que en cualquier momento va a desencadenarse el peor y más espantoso de los finales, aunque no puedo determinar el momento exacto. Sumido entre tinieblas, en esta extraña e ignota demora, soy consciente que en décimas de segundo, milésimas tal vez, en que no podré siquiera sospechar el feroz ataque, su gruñido aterrador, potentísimo y salvaje, lo inundará todo de repente. Décimas de segundo inconcretas, instantes inciertos que del modo más truculento explotarán de súbito en la vasta oscuridad, inundando la noche, como otrora lo hicieran los inolvidables y misteriosos, magníficos aullidos del lobo…
Fernando Gracia Ortuño
Copyright
domingo, 6 de mayo de 2012
King Kong
El apabullante gorila, encaramado en lo alto del Empire State, arqueó su cuerpo, lanzando a la noche un gruñido aterrador. Los francotiradores aéreos apuntaban sus armas, zumbando como moscas en derredor suyo.
-¡Disparen por encima de la cintura, por Dios! Ese monstruo tiene a la chica montada a horcajadas sobre... ¡Menudo hijo de la...!
Fernando Gracia Ortuño
Coyright
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
